De camino, recordé el libro Mujeres que viajan solas, del escritor español José Ovejero. Pudiera parecer un acto de poca trascendencia, pero el valor de fondo de viajar a una distancia mucho mayor a la acostumbrada, en el silencio no de la mente sino de la boca, concede una experiencia espiritual. Dentro de la isla, nunca me había trasladado tan lejos, sin compañía. Lo celebré como un logro muy íntimo. Aún aguardaban sorpresas. Continuar Leyendo