La tierra es la que nos nutre, nos acoge, nos sostiene. Sin embargo, las faenas desfavorables hacia ella, la constante industrialización desmedida y la mala planificación en la construcción, por ejemplo, provocan un daño máximo que seguirá extendiéndose y aumentado si no decidimos detener las prácticas nocivas. Indudablemente, el final de nuestra pobre conciencia ambiental —hablando en este caso en términos globalizados — podría ser muy desolador. Continuar Leyendo