Oscar Niemeyer

Un edificio residencial con un diseño atrevido e identidad propia

El edificio residencial CASAMIRADOR Savassi, terminado en 2021, está ubicado en Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil, y presenta una arquitectura de diseño audaz que se destaca en el paisaje local. El edificio cuenta con 14 lofts y 24 estudios, y se distribuye en nueve pisos en una construcción ubicada en un lote angosto. El desafío de su matemática volumétrica, de respetar las distancias, fue uno de los factores que influyó en decisiones no obvias que dieron como resultado una arquitectura creada con identidad propia.

La interdependencia entre la estructura del edificio y el proyecto arquitectónico permitió una gran libertad creativa, culminando en el elemento más destacado: una segunda piel que “viste” el edificio como una prenda, dándole características únicas. El material utilizado fue el aluminio, pintado en un tono sepia rojizo terroso que alude a la abundancia de mineral en bruto en Minas Gerais.

Para obtener ligereza y transparencia, las láminas de aluminio recibieron perforaciones en diferentes tamaños, y fueron realizadas de forma asimétrica pero armónica. Ese proceso hace posible ver a través de ellos desde adentro hacia afuera, donde las vistas de la ciudad se exponen a través de la piel. Sin embargo no es posible ver el interior desde afuera, lo que garantiza la privacidad del residente. Este elemento también hizo posible explorar una rica gama de efectos, desde ocultar ventanas más pequeñas y funcionales hasta rasgar la piel para exponer los grandes espacios. Concebidas como generosas aperturas, estas ventanas permiten que la ciudad se convierta en una extensión de la casa, con abundante luz y ventilación. Los marcos de hormigón de los vanos contrastan con el color oxidado predominante.

La piel que recubre el edificio también proporciona confort térmico a las unidades. Lejos de la mampostería, proporciona sombra a las vallas y una buena ventilación a través de un colchón de aire renovable. Desde esa perspectiva, la sustentabilidad guió gran parte de las elecciones del proyecto. Debido a las reducidas dimensiones del terreno, y al mínimo espacio en azotea para instalar equipos o paneles fotovoltaicos, era necesario buscar una solución que evitara la entrada de calor, en detrimento de un proyecto de climatización.

La forma piramidal del edificio, resultado del escalonamiento, también permitió la asignación de áreas técnicas en la cara externa de la mampostería, así como en la cara interna de la piel, asegurando una plástica limpia y sin adornos.

Otro punto destacado del proyecto se refiere al desafío de colocar la pirámide en el suelo, tocando la tierra ligeramente en un solo punto. Bajo la influencia del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, se creó un pilar en forma de “V”, que es muy utilizado en sus obras.

Finalmente, para garantizar la planitud en las fachadas, las láminas se doblaron por los cuatro costados, aumentando así su rigidez. Si bien las láminas se perforaron al azar, las juntas se alinearon y el volumen fue armónico, se realizaron varios estudios hasta que el modelo de fijación final produjo una alineación de las losas y el punto medio de cada piso. El estudio aseguró la optimización en la estructura secundaria para la fijación de las placas: solo hay tres perfiles horizontales por piso, y los perfiles superior e inferior también se combinaron para fijar las placas de los pisos adyacentes.

El plástico final es el resultado de un matrimonio entre láminas de revestimiento, marcos y estructura.

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Fuentes: V2Newswire.com