Mona Lisa

Justicia climática VS patrimonio cultural

Opinión

¿Es peor la profanación de un cuadro que la destrucción deliberada del planeta? 

Esto se cuestionaron los jóvenes del grupo Just Stop Oil luego de tirar sopa de tomate en la reconocida pieza “Sunflowers” de Vincent Van Gogh en Londres. El grupo argumentó que mientras la pintura está protegida por un cristal, la población no lo está. El evento fue parte de una ola de protestas en el Reino Unido tras el anuncio de que el gobierno está dando luz verde a nuevas licencias para la exploración petrolera,

Sin embargo, esta no ha sido la única intervención realizada en la industria del arte en los últimos meses. 

Activistas ambientales han adoptado una nueva estrategia para abogar por la conservación del ambiente mediante la destrucción de obras de arte. En julio, miembros de una organización italiana de activistas climáticos llamada Ultima Generazione, se pegaron a una pintura de Botticelli en Florencia, Italia. Por otro lado, la “Mona Lisa” fue objeto de un intento de vandalismo en mayo cuando un visitante lanzó un pastel en el vidrio protector de la pintura. 

La estrategia propone llamar la atención para que las personas se cuestionen si una pintura vale más que sus vidas y aboguen por la protección climática. Aunque la acción sin duda llama la atención, no creo que sea la atención que más les beneficie a estos grupos ambientales.  Al desfigurar una obra de arte universalmente querida, es posible que hayan hecho más daño que bien a su propósito. 

Existe un término llamado Eco-Ansiedad que se define como el temor crónico a un cataclismo ambiental y el estrés causado por observar los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático, según la Asociación Americana de Psicología. Investigadores de psicología han descubierto que tratar de asustar a las personas para que actúen suele ser contraproducente. Debido a que las probabilidades de supervivencia parecen estar en nuestra contra, la mayoría opta por huir y despreocuparse del asunto. 

Sin duda la crisis climática cada día es más alarmante y no hay otro ser responsable que los propios seres humanos. No obstante, este tipo de discurso de culpabilidad con acciones tan arbitrarias como la intervención de una pintura en un lugar público, sobre un artista que no hizo más que elogiar a la naturaleza en su obra, que no tiene nada que ver con el movimiento político, simplemente me parece un acto de odio. La estrategia de la salsa de tomate, ha causado más conversación sobre la destrucción de la pieza que la supuesta razón del acto. 

Más que nada, La Galería Nacional de Londres, donde exhibe la pieza, ha demostrado estar comprometida con la conservación del ambiente por los ultimos años. Su objetivo de sostenibilidad es “ahorrar energía y reducir nuestra huella de carbono”, según destacan en su reporte anual 2020-2021. Durante ese año logró reducir sus emisiones de carbon un 12%. Por otro lado aspira reducir los residuos y garantizar que se reutilice o recicle la mayor cantidad posible de residuos. Además, detalló un plan para 2025-2030, que se centrará en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la instalación de plantas y equipos energéticamente eficientes.

Creo fielmente que la educación es uno de los agentes fundamentales más importantes para abordar el problema del cambio climático, sino el más importante. La Organización de las Naciones Unidas incluso destaca cómo la educación puede alentar a las personas a cambiar sus comportamientos y ayudarlos a tomar decisiones informadas.

Claro está que, aunque muchos hacen su parte por educar y concientizar sobre el asunto, perpetúan las acciones poco conscientes con el planeta. Sin embargo, no creo que la destrucción se combate con más destrucción, aunque para algunos parezca irrelevante el artículo que se interviene, en este caso el arte y cultura. 

Da’ Vinci y la copia de Mona Lisa

Hubo momentos en los que Leonardo tuvo dificultades para pintar debido a su perfeccionismo y a sus numerosas ocupaciones, y sus discípulos lo hicieron por él.

Las reflectografías de las dos principales versiones de la Virgen del huso confirman que fueron ejecutadas simultáneamente por alumnos tanteando diversas opciones de composición y siguiendo instrucciones del maestro, que podía ver así cómo funcionaban sus ideas cuando eran ejecutadas por otros. Los discípulos no siempre partieron de prototipos pintados.

El Niño Jesús abrazado a un cordero Pintor Lombardo (¿Taller de Leonardo da Vinci?) Óleo sobre tabla, 72 x 56 cm 1520-30 Madrid, Fundación Casa de Alba

Uno de los objetivos de Leonardo fue simular el volumen y la sensación de difuminado de los cuerpos al interactuar con el entorno. El relieve escultórico que dio a sus figuras, ayudándose de una base terrosa para modelar las transiciones de la sombra a la luz, lo ejemplifican el cartón de Santa Ana y, de un modo más sumario, algunas obras de sus seguidores, como el Niño Jesús abrazado a un cordero o el Salvador adolescente. Solo un discípulo indirecto, Andrea del Sarto, supo llevar a la práctica sus complejas observaciones sobre estos asuntos.

El Salvador adolescente Atribuido a Giovanni Antonio Boltraffio (1466/67-1516) Óleo sobre tabla, 25,3 x 18,5 cm h. 1490-95 Madrid, Museo Lázaro Galdiano


Los estudios técnicos han confirmado que las copias de las obras más apreciadas por Leonardo –las de Mona Lisa, Santa Ana y Salvator Mundi- se hicieron junto a él y bajo su supervisión. La elaboración de todas ellas es muy cuidada, los materiales son costosos y conservan la personalidad de quien las hizo, un autor aún no identificado. Dos de ellas reproducen estados intermedios de la lenta ejecución de los originales, lo que las convierte en testimonios excepcionales
de las reflexiones y correcciones del maestro durante su creación.

Mona Lisa (antes de la restauración) Taller de Leonardo da Vinci, autorizado y supervisado por él Óleo sobre tabla, 76,3 x 57 cm 1507/8-1513/16 Madrid, Museo Nacional del Prado
Mona Lisa (después de la restauración) Taller de Leonardo da Vinci, autorizado y supervisado por él Óleo sobre tabla, 76,3 x 57 cm 1507/8-1513/16 Madrid, Museo Nacional del Prado

El examen de las pinturas salidas del taller vinciano descubre aspectos de la personalidad artística de sus integrantes. Informa también sobre su aprendizaje junto a Leonardo, centrado en la observación y comprensión de los fenómenos lumínicos y cromáticos que este tanto se esforzó en reproducir. Siempre que las obras de sus alumnos respondieran a los objetivos que él había definido para el arte, estuvo dispuesto a cederles ideas para que experimentaran diversas formas de pintar.

Leda A partir de Leonardo da Vinci Temple sobre tabla, 115 x 86 cm 1510-20 Roma, Galleria Borghese

El análisis comparativo de las reflectografías infrarrojas de la Mona Lisa del Louvre y su copia del Prado revelan idénticos detalles ocultos bajos sus superficies, lo que confirma que sus autores trabajaron en paralelo y que el copista reprodujo gran parte del proceso de elaboración del original, sin tratar de suplantarlo. Muchas modificaciones invisibles en la Mona Lisa de París se repiten en la tabla de Madrid. En esta también se observan correcciones y líneas de dibujo libre, sin relación con el original, que reflejan las dudas de nuestro pintor y nos hablan de un proceso más complejo que el de una simple copia. Los estudios llevados a cabo sobre las pinturas salidas del taller de Leonardo desvelan prácticas gráficas y pictóricas comunes que demuestran que, aunque este supervisó a sus discípulos, dejó que mantuvieran su propio estilo. Sin embargo, la idea vinciana de que la reproducción de la naturaleza no debía estar mediada por la mano del artista los incitaba a disimular las pinceladas y los trazos en la superficie de las obras. El modo de difuminar la materia de cada alumno fue muy personal. Algunos utilizaron los dedos y otros, emulando la técnica gráfica de su maestro, crearon diminutas redes de trazos blancos y rojos sobre bases grises, perceptibles
solo en macrofotografías.


La importancia que dio Da Vinci a sus ideas se confirma en los cuadros ejecutados por sus discípulos a partir de su obra gráfica, entre ellos lo de Leda y el cisne, una composición solo pintada por ellos y de la que existen diversas variantes. Se conservan bocetos de Leonardo para el peinado y la postura de la reina, semiarrodillada y en pie. Las pinturas conservadas, excepto una, obra de Giampietrino, muestran así a la figura. El reto que se les planteó a sus autores al representar el asunto fue aunar el cuerpo y el paisaje ayudándose del cabello y la vegetación como elementos transmisores de movimiento, efecto que Da Vinci reprodujo de manera ejemplar en los dibujos. Las versiones pintadas de Leda son una clara muestra de cómo los seguidores del maestro aprovecharon sus ideas y material de trabajo. Así se descubre en la Leda de Giampietrino, cuya reflectografía revela un sistema mecánico de traspaso de la composición al soporte a partir de un cartón, quizás original de Da Vinci, y bajo ella otra composición del maestro trasferida previamente, la de Santa Ana.