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Entrelíneas

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Café Graffiti es uno de esos lugares inolvidables. Localizado en Sofía, Bulgaria, el interior se construyó como una continuación natural de la arquitectura. El restaurante se separó en dos zonas: la frontal que incorpora el exterior creando un espacio público que rodea la silueta del edificio, y la posterior que se separó con un diseño de piso y techo que permitió reducir la profundidad del espacio sin perder la vista panorámica a la calle. El reto fue resolver los problemas de ventilación, sonido y acústica subordinadas a la estética diseñada inspirada en el trabajo de Escher. Se creó un concepto único que le da identidad al espacio y satisface, a su vez, todos los requisitos funcionales y tecnológicos. El resultado es un interior con suficiente dosis de arte y artesanía como para hacer alusión a la Galería de Arte Moderno situada en el piso superior del edificio.

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