La superstición advierte que la escritora no debe revelar sus rituales, pero — en este caso muy peculiar — parece como un mandato hacerlo. Desconozco si tendré siete años de mala suerte o si me saldrá un orzuelo, mas me arriesgaré. Siempre debo redactar con música; el silencio rotundo me provoca un bloqueo que no se recupera dando undo. Ahora que lo examino no es una gran confesión. Lo que sucede es que mientras en otros escritos coloco el piano de Yiruma, esta vez tengo que poner a volumen considerablemente alto salsa. Comienzo con Tito Nieves y el reproductor automático sigue con La Fania y el Gran Combo. Ah, pero Roberto Roena con “Y tú, loco loco, pero yo tranquilo” dio en el clavo. La locura es — personalmente — lo más cercano al proceso creativo. Ahora — quizás — creerán que lo que continúa es la narración histórica de algún loco. Esto me pone en problemas porque para algunos dicha palabra es algo maldito y no quisiera dar esa connotación. Continuar Leyendo