Cuando Carol Davidson subió la escalera corporativa para convertirse en Directora Corporativa de Ventas, no había espacio para su personalidad adorable. Incapaz de hacer algo sobre su estatura petite — casi llega a los cinco pies y dos pulgadas de estatura — e indispuesta a alterar su voz suave, utilizó su peritaje en mercadeo consigo misma y trabajó en la única cosa que podía cambiar: la imagen que proyectaba.
Usando el guardarropa como una herramienta de comunicación, Carol aprendió a resaltar sus mejores cualidades: su perspicacia en los negocios, su mente rápida y su sentido de entusiasmo por las personas. Obtuvo resultados y llamó la atención. Luego de trabajar en realzar su imagen, quiso ayudar a otros a hacer lo mismo. Así nació un negocio.