Si lo contaras con gracia
Aquello fue vertiginoso. Todo se movía como si alguien hubiera apretado el botón que tienen algunas aplicaciones cibernéticas para acelerar los vídeos. En ese ir para acá y para allá ya estábamos dentro de la mezcla extravagante del ensayo; yo, como única espectadora que hacía lo posible por taparme la boca con el dorso de la mano o la libreta para que el ruido de mi risa no interrumpiera.
¿Sabes cuando uno asiste a algo —cualquier cosa— y supones que te vas a encontrar con x y resulta todo lo contrario? Así fue. Continuar Leyendo