Un país despoblado de arte. Una ciudad callada de expresiones. El chirrido de edificaciones yermas de seres que les den vida. El hábito del reloj acostumbrado a la misma repetición. La calle abandonada de luz.
Imaginar a la metrópoli vacía, polvorosa y sedienta causa la conmoción del absurdo. Ella está hecha para ser explorada en la búsqueda del sentido, una razón por la cual la existencia admite su fin mayor: la creación. Continuar Leyendo