
Autor: Pablo Rubio
Movido por su inquietud hacia un nuevo nacimiento escultórico, el cemento es su respuesta. Modelando y tallando, al final nace una escultura abstracta dentro de un mundo de moléculas, esferas, curvas orbitales, triángulos, rectángulos y cuadrados; negativos y positivos que juegan y vibran con el conocimiento de una ecuación. Pero con la magia del arte plástico, en el mundo sin fin, de la escultura contemporánea.
La magia de la escultura permite diversas interpretaciones. Por ejemplo, en “Monolito del Pensamiento”, hay tres esferas intercaladas en curvas orbitales donde los espacios son protagonistas. En su búsqueda de una escultura sincera, me recuerda al Maestro Jorge Oteiza (1908-2003), quien, en su insaciable búsqueda de tridimensionalidad, afirmaba que “el volumen despierta el surco en la tierra” (1935). Nuestro artista, Méndez Robles, logra esto modelando, tallando y puliendo.
A mis ojos, interpreto sus obras como esculturas abstractas de madonas y personajes en distintos movimientos, como en “El Último Glacial”. En otras, veo símbolos sin perder de vista el nuevo renacer escultórico que el artista propone. Al vuelo de mi imaginación, recuerdo los movimientos mágicos de los Maestros Rafael López del Campo (1936-2009) en algunas de las madonas; así como la obra “Composición” (1967) de Eduard Serra (1911-2002), Prats Ventós (1925-1999) con su escultura “Virgen y Niño” (1978), y Pablo Serrano (1908=1985), quien sostenía que “todo el mundo tiene una interpretación y un recuerdo al referirse a una obra de arte que surge de la participación activa del espectador” (1968).
Cielo y cosmos representan sinceridad y universalidad. En su escultura, como en todos los movimientos abstractos, la interpretación depende del espectador. El escultor habla de su trabajo como distintos momentos en el tiempo. No tengo ninguna duda de que su escultura nace de su pintura. Este nuevo mundo de modelar y tallar lo lleva, con pasión, logrando al final una escultura sincera y presencial. Es notable destacar en algunas de sus piezas el pulido del cemento, el diseño de sus bases y, en ciertos casos, el cambio de color y textura, logrando un acabado exquisito.
Otra de mis observaciones sobre algunas de sus obras es la magia de la monumentalidad, como se puede apreciar en “Umbral”. Su escultura evoca raíces ancestrales de un pueblo que no ha muerto, el movimiento de las nubes en el cielo, el ritmo de las olas de nuestras playas, las montañas, los valles y los bosques. Es una interpretación completa y moderna que captura el movimiento, los círculos y la gracia de sus curvas, constituyendo una composición personal. En este recorrido por sus piezas, no tengo la menor duda de que domina las técnicas de modelado y tallado en cemento. Su obra escultórica es el resultado de una búsqueda sincera y una revolución.







