
El martes 17 de febrero se celebró la segunda edición de Coloquios de Diseño en el Caribe, junto a Nataniel Fúster, principal de FÚSTER + Architects, y el artista Rogelio Báez Vega.
El conversatorio, celebrado en El Saque, en Santurce, abrió la oportunidad de establecer un diálogo transdisciplinario entre estos dos artistas, reconocidos y ampliamente galardonados en sus respectivos campos: Fúster en la arquitectura y Báez en la pintura.
Partiendo de una dimensión sociocultural común en la que ambas artes se insertan, quedó claro desde un principio que ambas disciplinas presentan más afinidades que diferencias.

Visualmente, esta realidad quedó evidenciada por la pintura colaborativa entre Báez y Fúster exhibida durante el coloquio, la cual anticipaba la primera pregunta del moderador: ¿los arquitectos son artistas?
Báez reconoció estar al corriente de la preponderancia de esta falsa dicotomía entre arte y arquitectura. No obstante, resaltó aquello que ambas disciplinas tienen en común: “En síntesis, el arquitecto y el artista buscan la manera de entenderse dentro de un espacio, de relacionarse con él y de buscar un sentido de bienestar”, opinó.

Por otro lado, precisó que “el quehacer del arquitecto para producir este sentido de bienestar se diferencia mucho del que se le requiere al artista plástico”. Citó la responsabilidad social como uno de los aspectos que rige la forma en que la arquitectura trabaja para lograr el bienestar humano.
Por su parte, Fúster compartió que “siempre he visto el arte como algo integral para la arquitectura. Los que estudiamos arquitectura la entendemos como una mezcla de responsabilidades sociales, problemas tecnológicos y constructivos, pero también como una práctica que incorpora una sensibilidad artística”.

Según Fúster, solo cuando la obra del arquitecto incorpora el componente artístico se convierte en algo que puede llamarse propiamente arquitectura. “Para mí, la construcción no es necesariamente arquitectura, por esa misma ausencia de arte”, añadió.
Fúster estuvo de acuerdo con Báez al afirmar que la búsqueda de la felicidad constituye el fin de ambos oficios: “Eres arquitecto cuando tu arquitectura tiene la capacidad de propiciar un estado de felicidad. Al igual que sucede con el arte, la arquitectura también debe invitarnos a cuestionarnos nuestra propia existencia”.

La división clásica entre lo subjetivo y lo objetivo podría ser, según Fúster, lo que provoca la confusión a la hora de emitir un juicio sobre la arquitectura. “Tiene que ver con la noción de que solamente es válido lo objetivo porque es cuantificable o porque se percibe como más valioso”, argumentó.
Más adelante, el coloquio se encaminó hacia el tema de la belleza y su relevancia tanto para la arquitectura de Fúster como para la pintura de Báez.
Fúster tomó la palabra para asegurar que tanto en la arquitectura como en la pintura “hay una necesidad de producir belleza”. Para reforzar su postura, citó la clásica tríada del autor romano Vitruvio, quien defendía que la arquitectura debía regirse por la belleza, la solidez y la utilidad.

En nuestros tiempos, el componente utilitario, según Fúster, ha dominado la arquitectura debido a “una mentalidad que favorece aspectos más medibles, tal y como sucede incluso en muchas escuelas, en donde se omite el tema de la belleza”.
Si existe una institución responsable de reproducir la mentalidad utilitarista, afirma Fúster, son las instituciones académicas. “Es lamentable ver cómo en las escuelas de arquitectura, en particular, se ha subyugado o relegado a un segundo plano todo lo que tiene que ver con el arte”.

Por su parte, Báez abordó el tema de la belleza en su práctica artística, resaltando la dificultad de “transformar una cosa banal y cotidiana en arte”. Aseguró que generar una obra bella es un proceso que requiere mucho empeño, dedicación y esfuerzo. “Es como un camino de errores infinitos que se terminan superando”, concluyó.
Durante segunda edición de Coloquios de Diseño en el Caribe se abordaron otros temas de interés tanto para los apasionados de la arquitectura como para los del arte en general.
Estos incluyeron tópicos como los cánones tradicionales de lo bello, la estética, el valor de la imperfección en la obra, el miedo del artista a fallar y una crítica a las convenciones academicistas de la pintura. Tanto Báez como Fúster participaron del conversatorio sin conocer de antemano las preguntas que trazarían la ruta de este diálogo entre arte, arquitectura y diseño.








