Los pintores europeos de la Edad Moderna trabajaban en talleres (en castellano se denominaban “obradores”) y se valían de múltiples colaboradores. Esta exposición se centra en uno de los más prolíficos y exitosos, el de Pedro Pablo Rubens (1577- 1640). En esta sala se muestran cuadros realizados por el maestro, otros pintados por sus ayudantes y algunos otros, resultado en diferentes grados de la colaboración entre estos y aquel. Es importante recordar que todos los cuadros que salían del taller de Rubens eran productos de su marca.

A pesar de ello, sus contemporáneos, y él mismo, valoraban más los originales pintados enteramente por el maestro que los de taller. En esto, la pintura de Rubens es un producto similar al de algunas marcas de moda o estudios de arquitectura de la actualidad. Para acercarnos al taller donde Rubens pintó sus cuadros (la mayor parte, en Amberes), hemos escenificado una simulación basada en imágenes de talleres contemporáneos.

Aunque estas, más que documentos veraces, buscaban dignificar la profesión del pintor apelando a su elegancia (el propio Rubens se autorretrató en varias ocasiones sin incluir referencia alguna a su profesión), nos permiten imaginar cómo eran los lugares donde se pintaba. En obras como la estampa Color Olivi de Johannes Stradanus o la Alegoría de la pintura de Jan Brueghel el Joven vemos a equipos de artistas dedicados a diferentes labores, desde la preparación de los soportes, pinceles y colores hasta la pintura de los cuadros. Los talleres eran los espacios donde los pintores desempeñaban su oficio. Eran también los lugares donde se desplegaba esa maravillosa empresa que es la creación artística.

La exposición, que permanecerá en la sala 16 B del edificio Villanueva hasta el 16 de febrero y cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid, está compuesta por más de 30 obras que incluyen pinturas realizadas por el maestro, otras pintadas por sus ayudantes y otras, resultado en diferentes grados de la colaboración entre estos y aquel.
