El Museo Del Prado Celebra El 40 Aniversario De La Restauración De Las Meninas

Las meninas de Velázquez es una de las obras más significativas de la pintura occidental y no solo por su extraordinaria calidad. El misterio que la envuelve -la riqueza y variedad de contenidos, la complejidad de su composición y la diversidad de acciones que representa- acentúa aún más la singularidad de esta obra maestra que sigue cautivando tanto al público que visita el Museo como a los seguidores de sus redes sociales, el último vídeo dedicado a Las meninas, emitido el 26 de enero de este mismo año, acumula casi 1 millón de visionados.

John Brealey, Jefe del Departamento de Restauración del Metropolitan Museum, fue elegido por la dirección y el Patronato, con el aval del Ministerio de Cultura, para realizar la restauración de Las meninas de Velázquez. Esta restauración comenzó el 14 de mayo de 1984 y duró aproximadamente tres semanas. El buen estado de conservación de la capa pictórica y su perfecta adhesión al soporte, así como la falta de graves daños facilitaron la labor de levantamiento de un grueso barniz resinoso, de almáciga, en el que podían determinarse dos capas aplicadas en momentos diferentes.

Esta gruesa capa de barnices amarilleados, en algunas zonas opacos y blanquecinos, alteraba por completo la apariencia estética de la obra de Velázquez, quedando oculta en una unificadora tonalidad ambarina que hacía imposible distinguir la infinita variedad de matices que el genial pintor había conseguido en su obra maestra. El paso siguiente en la limpieza realizada por John Brealey lo llevaron a cabo varios restauradores del Taller del Museo del Prado. El trabajo de Rocío Dávila, María Teresa Dávila, Clara Quintanilla y Enrique Quintana consistió no sólo en la reintegración de los daños, sino en la unificación tonal de los repintes dejados, y en una ligera labor de retoque en las zonas gastadas del lienzo.

Estas intervenciones se llevaron a cabo sobre una primera capa de barniz y con materiales perfectamente reversibles, lo que garantiza sucesivos tratamientos de restauración. Sin embargo, esta restauración no estuvo exenta de polémica porque como señaló Brealey, cuando una obra maestra de la pintura universal es admirada en el mundo entero, “deja de ser obra de arte para convertirse en símbolo y a nadie le gusta ver cambiar un símbolo”. De hecho, ya en 1895, se criticó la intervención propuesta por el entonces Director del Museo Nacional de Pintura y Escultura, Vicente Palmaroli, que consistió en el forrado de la obra.

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