Las luchas son diversas y múltiples. En mi caso particular, mediante eventos, escritos y ejecutora de la palabra sobre salud mental, propongo una lucha constante por la justicia social en este tema. Éste continúa siendo parte esencial de un movimiento reivindicativo que busca desvanecer la estigmatización hacia las personas que conviven junto a condiciones de salud mental, contribuir al conocimiento y al despertar sobre todo lo referente al bienestar socioemocional, crear empatía y establecerse como una red solidaria de apoyo y educación.

De este modo, Cortocircuito sin tabúes: acción artística por la salud mental —que se presentó por primera vez el año pasado en El Bastión, en el Viejo San Juan— canaliza mediante el arte el proceso social de transformación.

Mientras que en el 2018 artistas nacionales y dos artistas argentinos —éstos últimos mediante composiciones audiovisuales— llevaron a cabo sus propuestas en torno a asuntos específicos acerca de la salud mental, el pasado martes, 9 de abril, los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Humacao, se entregaron solidarios a la creación de piezas magistrales que se desarrollaron a partir del eje principal del evento, en una versión estudiantil de la actividad.

Entre las intervenciones llevadas a cabo en el teatro de la Universidad, se abordaron a través de lectura dramatizada, canto, música, teatro, performance, por ejemplo, el Trastorno Límite de Personalidad, la ansiedad, el autismo, el Trastorno Obsesivo Compulsivo, la esquizofrenia, las adicciones, la depresión, la agorafobia, entre otros.

Las mismas se intercalaron con cápsulas informativas, a cargo del personal de la institución.

Además, el grupo de cuerdas, el cuerpo de baile y la banda de la UPR, recinto de Humacao, otorgaron un ánimo alegre como manifestación de un estado positivo.

A su vez, el coro brindó una presentación sublime.

Y es que, en esa búsqueda de mejoramiento a la que aspiramos, el arte se convierte en la herramienta maestra para el autoconocimiento, la sanación y, por ende, la recuperación de nuestra confianza, estima, amor propio y entendimiento.

La exploración del propio ser/yo que se viabiliza gracias a la creación artística permite acceder a una profundidad en la que las heridas emocionales se observan desde un lugar catártico.

Por mi parte, este evento —que considero de gran trascendencia colectiva— continuará haciéndose con el tenaz compromiso y la gran responsabilidad que requiere el asunto. Cada uno de nosotros tenemos en nuestras manos nuestra curación.

¡Qué nadie se sienta sola ni solo en su proceso adolorido! ¡Qué todos conformemos una inmensa red de amor!

Gracias, gracias, gracias a quienes han creído y se han unido a este movimiento. Confío que en octubre del corriente año Cortocircuito sin tabúes regrese.

Para información acerca de Cortocircuito sin tabúes: acción artística por la salud mental, escriba a reniafermaint@gmail.com.






