Ricardo Rodriguez: Boricua Experto En Inteligencia Artificial

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¿Cuál es tu trasfondo profesional?

Estudié arquitectura en la Universidad Politécnica de Puerto Rico y trabajé en algunas firmas a nivel local antes de mudarme a Washington, D.C., donde llevo 15 años. Aquí ejercí como arquitecto en Gensler y WDG, como gerente de proyectos internacionales y diseñador de interiores, lo que culminó en el diseño y construcción de restaurante de sushi en Times Square de dos estrellas Michelin. En mi carrera profesional siempre he hecho hincapié en la importancia de incorporar tecnologías emergentes que optimizan la eficiencia y la visualización de proyectos. Eventualmente, este camino me condujo a unirme a BASF, una firma líder en la industria química global, donde he tenido el privilegio de investigar y fomentar la adopción de tecnologías emergentes en la construcción a nivel mundial.

En mi rol como Director Global de Marketing y Excelencia Digital, gestiono la infraestructura tecnológica de nuestras plataformas en línea y lidero la transformación digital de la empresa, lo que me coloca en la vanguardia de la transformación digital en la arquitectura. Actualmente, me encuentro impartiendo clases en la Universidad de Pennsylvania, ayudando a desarrollar un currículo que integra la inteligencia artificial para arquitectos y diseñadores. Este esfuerzo representa mi convicción de que la educación en tecnologías avanzadas es fundamental para preparar a los futuros profesionales para un mundo en constante cambio, demostrando que la tecnología, aplicada con visión e ingenio, tiene el poder de transformar nuestra forma de imaginar y construir nuestros espacios.

¿Qué es la inteligencia artificial?

La inteligencia artificial (IA) representa la vanguardia de cómo enseñamos a las computadoras para que razonen y tomen decisiones como si fueran un ser humano; en general, funciona con estadística y probabilidad. Estos modelos computadorizados se entrenan con una base de datos muy amplia y, de muchas maneras, refleja cómo los seres humanos absorben y procesan información, aunque está específicamente diseñada para abordar y resolver problemas particulares que enfrentamos en nuestro día a día. Sin embargo, su aprendizaje va dirigido a resolver ciertos problemas en específico. El verdadero punto de inflexión en el desarrollo de la IA llegó con la creación de los Modelos de Lenguaje de Gran Escala (Large Language Models o LLMs).

Los desarrolladores entrenaron los LLM para comprender la forma y complejidades en que los humanos se comunican lingüísticamente. Esto marcó el inicio de una era donde las máquinas no solo nos “escuchan”, sino que realmente entienden el contexto de nuestras palabras. Los LLM abrieron el panorama para el desarrollo de modelos a base de imágenes, de datos, y de todo tipo de insumo. Las computadoras, entonces, ya captan la esencia de lo que les comunicamos. Los modelos que llamamos modelos generativos intentan adivinar, desde un punto de vista probabilístico, qué palabras vendrán a continuación en nuestro discurso (dado un contexto particular). Al momento de generar un contenido, el modelo trata de anticipar y entender nuestras intenciones en cuanto lo que queremos crear. En su afán de adivinar qué viene próximo, el modelo generativo tiene la capacidad de imaginar lo que todavía no sabemos. Así, la IA no se limita a ser una herramienta de respuesta; se transforma en un socio creativo que nos ayuda a explorar lo inexplorado.

¿La inteligencia artificial no se equivoca?

Bueno, utilizando el termino técnico, decimos que la IA produce “alucinaciones”. El programa alucina una respuesta que suena articulada y real, utilizando la información que tiene disponible. Nuestro trabajo consiste en discernir y orquestar las conversaciones e interacciones que tenemos con esta tecnología. La calidad y veracidad de las respuestas las puede comprobar cualquier profesional en su área de competencia. Por ejemplo, si le haces una pregunta como una persona del público en general, la IA te va a contestar en ese mismo contexto. La profundidad y la eficacia de la respuesta se define por cómo haces pregunta y el tipo de lenguaje que usas para articularla. El modelo entiende el contexto de tu profesión o tu área de especialización de acuerdo con la formulación de tu pregunta. El gran dilema de los profesionales será identificar y discernir la validez de las respuestas.

¿Cómo la IA impactará la sociedad?

Determinar el impacto definitivo de la inteligencia artificial (IA) en nuestra sociedad es una tarea compleja, incluso para aquellos teóricos especializados en el tema. Los expertos sugieren que las consecuencias de estas tecnologías podrían rebasar la capacidad adaptativa de nuestra cultura y los mercados actuales. Nos encontramos ante un punto clave de profundidad y complejidad con la IA, que actualmente escapa a nuestra plena comprensión y capacidad de control. Este panorama, sin embargo, abre la puerta a múltiples posibilidades positivas. La IA tiene el potencial de propiciar avances significativos, no solo en el terreno tecnológico sino también en la transformación de nuestros procesos sociales, avanzando hacia una mayor equidad, justicia, y democratización del acceso a los medios de producción.

Estas tecnologías pueden servir como catalizadores para una redefinición profunda de cómo abordamos y resolvemos los desafíos sociales, económicos y medioambientales. No obstante, el advenimiento de la IA también plantea riesgos potenciales, especialmente en términos de explotación y la manipulación de percepciones. A medida que estas tecnologías se integran más en nuestro día a día, distinguir entre la realidad y la ficción puede volverse una tarea cada vez más ardua. Por lo tanto, es crucial abogar por un desarrollo y aplicación éticos de la IA, asegurando que sus beneficios sean accesibles para todos y que sus riesgos se gestionen con la debida diligencia. Esta dualidad subraya la necesidad de un diálogo continuo y crítico sobre el papel de la IA en la sociedad y cómo, colectivamente, podemos navegar su futuro de manera responsable.

¿La IA reemplazará al ser humano?

La pregunta de si la inteligencia artificial (IA) reemplazará al ser humano implica una reflexión profunda sobre nuestra sociedad y educación. Necesitamos enfocarnos más en enseñar razonamiento crítico y apreciación por las humanidades, ya que estas áreas de conocimiento nos diferencian significativamente de la IA. A medida que la IA evoluciona y comienza a emular capacidades humanas, emergen importantes cuestionamientos filosóficos sobre nuestra esencia como seres humanos. Nos enfrentamos a interrogantes sobre qué implica no ser la entidad más inteligente del planeta y cómo redefinimos el concepto de “ser” y “yo” en esta era.

Aunque la IA puede superarnos en términos matemáticos, científicos y tecnológicos, las humanidades ofrecen una ventana para “humanizar” esta tecnología, integrando perspectivas de las ciencias sociales, el arte y la literatura. Estas disciplinas destacan por su capacidad de profundizar más allá de las habilidades técnicas tradicionalmente valoradas en campos como el derecho, la ingeniería y la economía. En este contexto, las humanidades no solo mantienen su relevancia, sino que se posicionan en un rol crucial para mediar nuestra relación con la IA, enfrentando y adaptándose a los desafíos emergentes.

¿Estamos listos para integrar la inteligencia artificial a nuestras vidas?

La integración de la inteligencia artificial (IA) en nuestras vidas no es un fenómeno del futuro, sino una realidad desde hace una o dos décadas. Tanto a nivel individual como en el ámbito empresarial y organizacional, hemos estado interactuando con la IA miles de veces al día. Ya dependemos de algoritmos inteligentes, cada vez que navegamos por redes sociales o utilizamos nuestros smartphones, estamos participando en un proceso de integración con la IA, que ocurre de manera constante con cada interacción que tenemos con nuestros celulares. Lo que realmente cambia el juego es la democratización de estas tecnologías, que anteriormente estaban al alcance solo de unos pocos privilegiados.

Con el avance del tiempo, la IA se está volviendo más accesible, simple e intuitiva para el usuario promedio. Esto nos exige adoptar una postura crítica hacia su uso. La IA intenta predecir nuestras necesidades y preferencias, pero es esencial recordar que la efectividad de esta tecnología depende en gran medida de nuestra habilidad para dirigirla y profundizar en sus capacidades. Por tanto, la relación con la IA debe entenderse como una colaboración, en la que los resultados obtenidos reflejen tanto las capacidades de la tecnología como nuestra competencia para guiar y aprovechar dicho proceso. En este sentido, la responsabilidad de los resultados no recae únicamente en la tecnología, sino también en nuestra capacidad para interactuar, curar y orquestrar de manera efectiva con ella

¿Qué prejuicios existen en torno a la inteligencia artificial?

En el entorno de la inteligencia artificial (IA), los prejuicios y malentendidos abundan, reflejando una diversidad de opiniones y grados de comprensión. Por un lado, encontramos a aquellos que idealizan la IA, considerándola casi como magia o creyendo erróneamente que puede resolver cualquier desafío sin necesidad de esfuerzo humano o reflexión profunda. Contrario a esta creencia, el uso efectivo de la IA demanda un trabajo riguroso y una comprensión detallada de su aplicación; las plataformas generales a las que el público tiene acceso suelen proporcionar respuestas basadas en un conocimiento superficial, entrenadas con bases de datos extensas pero genéricas. A medida que avanza la tecnología, es probable que se vuelvan más accesibles las plataformas especializadas en “dominios profesionales” específicos, diseñadas para satisfacer las necesidades concretas de distintos campos profesionales como la abogacía, ingeniería, arquitectura y medicina.

Estas herramientas prometen entregar resultados de mayor calidad y precisión, gracias a su enfoque enfocado y entrenamiento especializado. Otro tema de debate es el plagio, un desafío ético y legal significativo en la era de la IA. Muchas plataformas se entrenan con datos de fuentes públicas y privadas, incluyendo contenido de redes sociales y otras plataformas online, lo que ha llevado a preocupaciones sobre el uso de propiedad intelectual sin consentimiento explícito para crear obras derivadas. Esta percepción surge a menudo de un malentendido sobre los derechos que se conceden sobre los datos al utilizar estos servicios digitales, ya que muchos usuarios no leen detenidamente los términos y condiciones antes de aceptarlos.

Este escenario subraya una lucha en la que los usuarios deben estar más informados y demandar un mayor control y derechos sobre sus datos personales, especialmente cuando contribuyen a contenidos que son monetizados por terceros. La integración consciente y crítica de la IA en nuestras vidas requiere no solo una comprensión técnica, sino también un debate continuo sobre sus implicaciones éticas y sociales.

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