Autor: Arq. Javier De Jesús Martínez
Decano, Escuela de Arte, Diseño e Industrias Creativas Universidad del Sagrado Corazón
Co-fundador Marina 15
Hay aniversarios que celebran una trayectoria artística. Hay otros que permiten mirar hacia atrás y comprender que lo que realmente se ha construido es algo mucho más profundo. Este próximo viernes, cuando Ángel Papote Alvarado y el Grupo Esencia suban al escenario de La Respuesta en Santurce para celebrar treinta años de música, no estaremos únicamente ante la conmemoración de una agrupación musical. Estaremos ante la celebración de una historia de comunidad, de persistencia cultural y de autogestión sostenida.
Treinta años son muchos años para cualquier proyecto artístico. Más aún en Puerto Rico, donde la vida cultural suele enfrentarse continuamente a desafíos económicos, sociales y estructurales. Sin embargo, la historia del Grupo Esencia nunca ha sido solamente la historia de una orquesta o de un grupo musical. Es la historia de una comunidad que encontró en la cultura una herramienta para afirmarse, organizarse y proyectarse hacia el futuro.
Desde la comunidad La Cuarta, en esa guardarraya entrañable entre Ponce y Juana Díaz, se ha ido construyendo durante décadas un modelo singular de desarrollo cultural comunitario. Allí convergen tres fuerzas que, juntas, explican buena parte de lo que hoy celebramos: el Grupo Esencia, el Comité Pro Nuestra Cultura y el Festival Nacional Afrocaribeño.
Ninguna de estas iniciativas puede entenderse completamente sin las otras.
El Comité Pro Nuestra Cultura ha sido la estructura organizativa que ha permitido sostener una visión colectiva más allá de eventos puntuales. El Festival Nacional Afrocaribeño, pionero en Puerto Rico como espacio comunitario de afirmación de la herencia afrodescendiente, se convirtió en un punto de encuentro para artistas, investigadores, gestores culturales y comunidades de todo el país. Y el Grupo Esencia, liderado por Papote Alvarado, ha servido como embajador natural de esa energía comunitaria, llevando su música mucho más allá de los límites geográficos de La Cuarta.
Lo extraordinario es que ninguna de estas iniciativas nació como una estrategia de desarrollo económico, ni como un plan institucional diseñado desde afuera. Nacieron desde la comunidad misma. Desde la convicción de que la cultura no es un lujo, sino una necesidad. Desde la certeza de que la música, la memoria y las tradiciones pueden convertirse en infraestructura social.
Hoy se habla mucho de autogestión. Con frecuencia se presenta como una alternativa frente a la ausencia de recursos o al retiro de apoyos institucionales. Pero la experiencia de La Cuarta nos recuerda algo importante: la autogestión no consiste únicamente en sobrevivir. Consiste en construir capacidad colectiva.
Cuando la gestión cultural y la gestión comunitaria se encuentran, dejan de ser dos cosas distintas. Se convierten en un mismo proceso. Un proceso mediante el cual una comunidad desarrolla liderazgos, fortalece vínculos, crea espacios de encuentro, genera orgullo colectivo y construye continuidad generacional.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido durante décadas en La Cuarta.
Por eso este aniversario adquiere una dimensión especial al celebrarse en Santurce. No es simplemente una presentación fuera de Ponce. Es un encuentro entre comunidades que comparten historias de resistencia cultural y de afirmación identitaria.
Santurce, heredera de la profunda historia afrodescendiente de San Mateo de Cangrejos, ha sido durante generaciones un territorio donde la música, la creatividad y la organización comunitaria han servido como herramientas de transformación. Que Esencia llegue a La Respuesta para celebrar allí sus treinta años no parece una casualidad. Parece, más bien, un acto natural de reconocimiento mutuo entre territorios que entienden el valor de la cultura como fuerza viva.
La ocasión adquiere todavía más significado al darse en el marco del Festival Tito Matos, celebración que honra la memoria de uno de los grandes defensores de nuestras tradiciones afrocaribeñas. La presencia de figuras como Coco, desde El Laberinto de Coco, añade otra capa a esta conversación colectiva que la música ha sabido sostener durante años: la de los artistas que construyen puentes, acompañan procesos comunitarios y entienden que la cultura es siempre una obra compartida.
Quizás ahí reside la lección más importante de estos treinta años.
En tiempos donde con frecuencia buscamos modelos de sostenibilidad para nuestros proyectos culturales, la experiencia de La Cuarta ofrece una respuesta poderosa. La sostenibilidad no surge únicamente de los recursos económicos. Surge de la capacidad de crear relaciones duraderas. Surge cuando una comunidad se reconoce en sus artistas y cuando sus artistas se reconocen en su comunidad. Surge cuando los festivales no son eventos aislados, sino expresiones de procesos continuos. Surge cuando la cultura deja de ser programación y se convierte en tejido social.
Treinta años después, el legado de Ángel Papote Alvarado y del Grupo Esencia trasciende los escenarios. Vive en una comunidad que continúa organizándose. Vive en un festival que sigue convocando generaciones. Vive en una organización comunitaria que ha sabido mantener una visión colectiva durante décadas. Vive en cada vínculo que se ha construido alrededor de la música, la identidad y la memoria.
Y quizás por eso este aniversario no pertenece únicamente a Esencia.
Pertenece también a La Cuarta.
Pertenece al Festival Nacional Afrocaribeño.
Pertenece al Comité Pro Nuestra Cultura.
Pertenece a todas las personas que durante tres décadas han demostrado que cuando la cultura echa raíces en una comunidad, no solo produce artistas. Produce futuro.