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Charlie Ramírez: Sumergido en el arte

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Esta noche a las 8:00 pm inaugura la exhibición Pompous Posy de Charlie Ramírez durante el Canvas and Cocktails del Condado Vanderbilt Hotel en San Juan.

Cuando se abrió la puerta del elevador en el cuarto piso, entró un perrito maltés y se sentó a mi lado. «¡Hola!», le digo. Salgo del elevador y me escolta a la puerta abierta en donde me esperaba el artista Charlie Ramírez con una sonrisa. «¿Cómo estás?», me saluda. Entro a la sala llena de luz y coloridas obras de arte. El perrito quería jugar y Charlie y yo comenzamos a conversar como si nos conociéramos de toda la vida. Este surfista profesional hecho artista ha alcanzado logros y creado olas expansivas en el mundo del arte con el tesón de un atleta.

Pasamos al fondo de un pasillo hasta una pequeña habitación en donde está su taller de arte. Rápido me muestra los afiches de bebidas energéticas y otros productos en donde fungía como imagen de la marca. Su carrera como surfista lo llevó a viajar alrededor del mundo y a trabajar con muchísimos auspiciadores. Abre los cajones de algunos gaveteros llenos de gafas, camisetas y trajes de baño. «Todavía me siguen enviando cosas». Encima están todas las obras que expondrá en su exposición Pompous Posy en el Canvas and Cocktails del Condado Vanderbilt Hotel en San Juan.

¡Wow! ¿Hace cuánto tiempo surfeas?
Surfeo hace 20 años.

¿Tienes un mentor (en el arte)?
Mi mentor es Walter Otero desde el 2011. Estoy bajo WOCA Protected. Este año llegué a Art Basel Miami. Este es mi street art con Totchi, mi street character, con otro price point. Mi primer solo show fue en el 2014. En 3 años he hecho cinco solo shows.

 

TOTCHI (corto para “totally chilling”) es el personaje de “street art” de Charlie Ramírez. Aquí en el lanzamiento de la línea “signature”de gafas Zol, uno de los auspiciadores de Charlie como surfista durante su segunda exhibición individual en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico. Cortesía del artista.
Línea “signature”de gafas Zol, uno de los auspiciadores de Charlie como surfista, con su personaje de “street art”, TOTCHI en la pata de las gafas. Cortesía de Charlie Ramírez.

(Miro las obras con detenimiento). Tiene un aire acuático, las flores del jardín o bajo el agua, el splash del agua…
Es una oda a los grandes, un bodegón paisajista, hablándole a la historia del arte, a Claude Monet, a los impresionistas, a la gente de WOCA (Walter Otero Contemporary Art), a Arnaldo Roche y Ángel Otero. Yo no tengo educación formal (en el arte), así que ellos me dan muchos consejos. Ellos y Walter vienen aquí. Realmente es una evolución de mi trabajo. Si llegas a ver lo de hace 5 años… (Me apunta a un cuadro colgado en la pared del pasillo). Eso es un cuadro que me queda de mi primera exposición en Recinto Cerra, bien abstracto. Este es mi quinto solo show y quería hacer algo diferente, así que me fui un poco más figurativo. Se nota que son flores versus algo completamente abstracto como era antes. Lo mío es todo sobre la pintura, sobre el proceso, es todo automatizado. Yo no miro fotos antes (de pintar), es todo memoria, de la psiquis. Lo que tiene son muchas capas, es espontáneo. Tiene muchos goteos, mucha fuerza, el manejo de la paleta es muy fuerte. Lo comparan con artistas alemanes como Gerhard Richter. La cosa es crear una conversación con la gente. El arte es comunicación y quieres que la gente lo vea y tenga pensamientos sobre el pasado, de su vida, su futuro, porqué hace ciertas cosas en la vida. También mi arte es bien severo y crudo, como es la vida. Ahí ves venas, cicatrices. Empiezas a sentir empatía, simpatía.

(Me acerco y noto las texturas). ¿Qué usas además de óleo?
Eso es óleo, acrílico… hay tinta, hay papel, y hay pega. Hay de todo.

“Lulu Lavish”, 2017. Charlie Ramírez. 60″ x 48″. Acrílico, óleo, tinta y papel sobre canvas.

Tiene algo, no sé si es la paleta de colores, que no se ve violento de mala manera. 
Como dijo Walter, yo le estoy hablando al pasado, pero contrario al pasado, mi paleta es más tropical, es contemporánea, es brillante. O sea, soy un surfer profesional, soy de Puerto Rico. Tenemos muchos rosados y muchos verdes. Cuando vienes a ver, esas gradaciones, como los impresionistas, usaban colores más opacos, más grises, estaba el amarillo del sol. Pero realmente aquí yo no necesito una excusa para usar colores brillantes. Amo los colores vivos.

“Garden on the Mountain Dew”, 2017. Charlie Ramírez. 48″ x 48″. Acrílico, óleo, tinta y papel sobre canvas

No lo podemos negar. Nos rodea, es parte de nosotros.
Nos rodea. Miro para afuera y miro el verde que nos rodea, el azul que nos rodea, todo es bien brillante. Como surfer uno ve y escucha muchas cosas. Cuando hacía catálogos y sesiones de fotos para surfing, los fotógrafos me decían que Puerto Rico tiene algo, y me mandaban todos los años a Hawaii, y todos ellos me decían que aquí la luz dura más tiempo, es mejor la exposición, es más brillante que en Hawaii. Así que Puerto Rico se esta convirtiendo en un Hawaii de la Costa Este. Ahora muchas compañías están enviando los surfistas aquí para ahorrar dinero o a tomar fotos entre medio de temporadas de surfing en Hawaii.

“Narci Bud”, 2017. Charlie Ramírez. 60″ x 48″. Acrílico, tinta, óleo y papel sobre canvas

Y del East Coast es súper cerca.
Sí. Así que, me crié con estos colores. He ido a Indonesia tres veces, he ido a Australia por un mes, he ido a Hawaii tres veces, he viajado el mundo. He viajado a los sitios más raros: El Salvador con tipos con ametralladoras, he estado en Perú a 15 horas de Lima con tipos con ametralladoras… O sea, yo he visto unas cosas bien locas. He visto niños en pañales en familias dementes en una casa del tamaño de este cuarto. O sea…

Algo entró en mí y yo simplemente tenía que hacer arte. Fue como algo celestial. Y le dije a mi esposa, que en aquel entonces era mi prometida, «¥o quiero pintar en canvas».

Y ustedes se van a unos sitios en donde comúnmente la gente no va.
Vamos a unos sitios en donde hay olas perfectas y no hay nadie por millas. He visto unas cosas bien serias y es parte de porqué yo quise ser un artista. Yo empecé a pintar en el 2007 nada más. Viajé tanto — básicamente viajaba como una vez al mes — y un día llegué a Puerto Rico y simplemente sucedió. Necesitaba expresarme de otra manera. El surfing es muy unidimensional. O sea, yo fui surfer profesional y ahora técnicamente todavía lo soy, y figuraba entre los mejores 100 del mundo en el 2003-2004, al punto de que algo entró en mí y yo simplemente tenía que hacer arte. Fue como algo celestial. Y le dije a mi esposa, que en aquel entonces era mi prometida, «¥o quiero pintar en canvas», y eso fue de la nada. Ella me regaló mi primer canvas y mis primeras pinturas. Mi primer cuadro se lo di a ella, una cosita chiquitita. Es que vi tanto arte montándome en tantos aviones. Por ejemplo, cuando fui a Indonesia y a Malasia, vi cómo la gente reza cinco veces al día y están haciendo arte todo el tiempo. Entonces, el arte es más patrones, no figuras realmente, pero representan a Dios. Es algo abstracto que representa a Dios. El arte es otra cosa.

Cuando surfeaba, a veces en un restaurante se me acercaba un niño de 14 años para pedirme una foto. Mi demográfica (de fanáticos) eran niños de hasta 21 años, es un nicho. Ahora, desde que hice mi solo show en Viota (Gallery), se me acerca un doctor de 75 años. La demográfica es bien distinta. Por eso digo que el arte es muy grande. Me he dado cuenta de la importancia del artista en la sociedad, tienes un rol mucho más grande.

Hace 5 años era un surfista a tiempo completo. Tengo afiches promocionales enormes de productos en Puerto Rico, República Dominicana, Perú, hasta en las gasolineras. Salía en revistas como Surfer Magazine. Entonces, hay gente que piensa que hay dos Charlie Ramírez, uno que es el artista y otro que es el surfista. Y hasta el día de hoy, hay gente que me ha dicho, «Yo no sabía que tú eras el mismo». También mi trayectoria en el arte ha sido corta pero agresiva. Hay gente que duda y se pregunta cómo llegué tan rápido a donde estoy, si hace cinco años era un surfista. Y ha sido bien interesante porque, como te dije anteriormente, antes se me acercaban niños de 15 años, ahora son desde niños de 8 años hasta señores de 75 años y me ha abierto los ojos sobre la importancia del arte y la comunicación del arte. De verdad que se ve la diferencia.

Cuando fui a Indonesia y a Malasia, vi cómo la gente reza cinco veces al día y están haciendo arte todo el tiempo. Entonces, el arte es más patrones, no figuras realmente, pero representan a Dios. Es algo abstracto que representa a Dios.

Trasciende.
Sí, trasciende. Ha sido tremendo viaje.

Y tú has vivido algo muy valioso que es viajar mucho. Ves el mundo de manera distinta. Cada vez que regresas a casa, todo se ve diferente.
Bien diferente. Te digo que cuando me iba seis semanas de cantazo, un mes, volvía y Wow!, esto es otra dimensión. Y yo me siento como otra persona que ha roto barreras de cultura y de enfogonarte menos. O sea, yo jugaba fútbol americano cuando chamaquito y corría patineta. Era un chico agresivo. Y me he suavizado muchísimo.

El arte te obliga a eso.
Sí. Y si algo me ayudó fueron los viajes.

Charlie Ramírez en su taller posa junto a su obra “Garden on the Mountain Dew” para el lente de 90GRADOSº.

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