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Esta vida no cabe en unas horas: La magnitud de Magali García Ramis

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Nota para los lectores: Esta es la segunda parte de la entrevista realizada a la escritora Magali García Ramis. 

La ficción se alimenta de la realidad y viceversa. Es tal el capricho de la verdad que un mismo hecho puede tener varias versiones en bocas distintas y los inventos de la imaginación que se traducen al papel diversas interpretaciones. 

Por lo tanto, vivir y leer, existir y escribir, son actos muy íntimos que cada cual convierte en su cosa particular. Así, la autora de Felices días, Tío Sergio, Las horas del sur y La R de mi padre —entre tantos más— ha creado todo un cosmos que responde —a mi modo de experimentar su escritura— a una especie de teoría de universos paralelos. Leer a Magali ofrece un sinnúmero de posibilidades.

Antes no era mejor 

El conocido refrán no necesariamente aplica a todo. Magali lo explica bien. Quien fuera reportera de El Mundo dijo: «(Los periódicos) siempre han sido de sus dueños». Y es que en la utopía que pueda representar el estudio del periodismo, la ejecución profesional dista de esas primeras concepciones que se tienen del oficio. 

De este modo, la existencia de innumerables medios de contenido en la era digital —también con su propio seguimiento editorial— ha permitido según contó Magali una “democratización” de la información. «Cuando yo estaba en El Mundo nunca se cubría un cumpleaños, un quinceañero, una boda, de alguien que no fuera de clase alta», afirmó quien es miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. Acerca de la apertura que provee el internet y la ampliación de la definición de “noticias” (muchas veces no son tal, pienso yo acá), Magali puntualizó que ese flujo imparable de datos-hechos debería estar acompañado del desarrollo informativo de los temas, para sentirnos más a gusto, para que —de cierta forma— nos hable a todos. Puso por ejemplo la cobertura de un concierto y cómo se podría trabajar un aspecto más extendido sobre el panorama actual de la industria musical.

Ante la pregunta sobre el poco cuidado que se ve en los medios, constantemente, en cuanto a la forma y el contenido, comentó que antes había un «anclaje» generado por una gran rigurosidad de los editores del material y los correctores de estilo, y que entrar a un periódico provocaba —de manera inevitable— que los periodistas se pulieran en la profesión. «No hay orgullo en los titulares. Antes un editor «moría» si un titular salía con un error. Era motivo para disculparse», indicó quien ha fungido como profesora.

El territorio activo del ejercicio de comunicarnos

Hay polémicas recurrentes y marcadas desde que se ha vuelto popular el concepto de lenguaje inclusivo, creado para hacer que el sistema comunicacional se abra a la diversidad y rompa con el esquema patriarcal.

«Creo que fue el primer reportaje que tuve que hacer para El Mundo», relató Magali. «Empecé el artículo diciendo: Los niños y las niñas de la escuela (…)». «Yo no había oído hablar de la palabra feminismo, pero me pareció lógica (esa distinción) al ver la foto». «Lo he hecho toda la vida cuando creo que procede y quiero enfatizar», expresó. 

Por su parte, al plantear ella varios cuestionamientos sobre el tema, concluyó que: «Para mí no es natural (el nombrado lenguaje inclusivo, también nombre de debates); suena obligado y por eso no lo uso». 

No hay forma de narrar la existencia cautivadora y el oficio de esta autora en unos cuantos folios. Nos ha legado demasiado para nuestra memoria histórica. Foto por Valeria Falcón para 90 Grados
Lo que dictan las redes sociales

Quise saber cómo percibe el acto habitual, seguramente la finalidad paradójica de las plataformas digitales para la interacción, donde hay la posibilidad de mostrarse cada cual como es, pero nos vemos insertados en una dinámica que critica de forma nociva la diferenciación y promulga que todos pensemos igual. Le di como ejemplo la viralización de la afirmación de que si lees a tal autor o escuchas a tal cantante tu inteligencia es poca o nula. Esta aseveración se repite incluso en aquellos que ni siquiera conocen de qué se está hablando; lo importante es montarse en la ola. 

«Uno quizás es cruel cuando lo hace», habló Magali para establecer que no sabemos si el libro de cierto autor o la música de cierto artista le brinda algún tipo de apoyo existencial a una persona que lo necesita y que eso sucede con todos. Aunque la obra de un autor o autora sea considerada máxima, sin duda, no todos los lectores nos sentiremos llamados a seguir su oficio. 

Queremos escribir

Magali se dirige fervorosa al camino que trazan quienes escriben hoy. «Estoy fascinada. Hay tanta gente que está descubriendo las ganas de escribir y el talento para hacerlo». Asimismo, enfatizó en que se siente «maravillada» por la pasión (en el oficio) de muchos escritores que tienen algo «que decir»; por lo que la autora experimentada reconoce no solo la importancia de la técnica sino la aptitud para contar lo urgente, lo necesario. 

Eso no se hace

Ya en las postrimerías de nuestra conversación, las risas se hicieron más audibles. Pregunté: «¿Qué opinas sobre las presentaciones de libros?». Ella se sintió inmediatamente aludida y me confesó jubilosa que ha pensado elaborar un tipo de manual sobre cómo no hacer presentaciones. Hizo hincapié:

  • Las presentaciones académicas son distintas a las demás. «A las siete de la noche de un jueves no le presentas al público tres especialistas para que hablen de tu libro».
  • Cuidado con quién escoges para maestro o maestra de ceremonias. No vaya a ser que terminen hablando de su propia escritura y se olviden del libro que se está presentando.
  • Aviso sobre la inclusión de una puesta musical o un performance (por ejemplo): «El libro es el protagonista. Pues háblame del libro».
  • El tiempo vale oro y más. |No hagas una presentación extremadamente larga; una hora y media está bien». 

Estoy (casi) segura de que muchos de los que nos dedicamos al oficio estaremos atentos a la publicación de esta divertida guía, si alguna vez Magali se anima a hacerla. Así sea.

Para leer la primera parte de este encuentro, oprima aquí.

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