Yo manifiesto: Puerto Rico es feliz

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¿Le ha pasado a usted que en algún momento de su vida ha pensado si es feliz? O, incluso, ¿le han preguntado si lo es? El concepto de felicidad ha sido descrito y definido por muchos en diferentes ideologías de pensamiento. Sin embargo y aunque ese término puede parecer el tope empinado de una montaña, nuestro propio Monte Everest, siempre vamos en su búsqueda. Y esto, a veces, sin saber a ciencia cierta cómo alcanzar ser felices.

Así que todas las ocasiones en las que escucho o leo alguna aproximación a la palabra felicidad tengo que ir necesariamente a la fuente; me embarco en un seguimiento de pistas a lo Sherlock Holmes. Más aún, cuando la manifestación de ese estado pleno se le confiere a toda una nación, me siento motivada a indagar, a averiguar qué le produjo al autor o la autora expresar tan colosal afirmación. 

De este modo y en un marco jovial me senté a hablar con las planificadoras profesionales licenciadas Luz E. Cuadrado Pitterson y Mari A. Villariny Marrero, coautoras junto a Lucilla Fuller Marvel, Mariecel Maldonado LaFontaine y Evelyn Moreno Ortiz del libro Planificación para un Puerto Rico sostenible: fundamentos del proceso. “Puerto Rico es un país sostenible, próspero, justo, democrático, solidario y feliz”, sostiene la Declaración de visión descrita en el texto. Y esto, lo conozco yo muy bien por mis personales prácticas espirituales, se nombra como una manifestación: algo que se afirma y se reafirma en positivo para que con el poder de la mente y el poder de la acción se haga realidad. Por lo que estas cinco mujeres ya en su escritura han construido una isla grandiosa (¿no lo será ya?), a pesar del discurso normativo y pesimista que nos contamos todo el tiempo. Esto no significa negar lo que el país vive en términos sociopolíticos y económicos, sino modificar el ángulo en el que percibimos todo diariamente y la forma de accionar ante ello.

“Nuestra mirada no puede ser hacia atrás. Los errores hay que asumirlos”, dijo Mari. “Nuestra mirada tiene que ser para el frente. ¿Qué tipo de país queremos? ¿Qué tipo de vida?” planteó. Mientras que Luz apuntó que no debemos sentirnos derrotados, aun cuando sean tiempos difíciles, y que es posible enfocar nuestra energía de otro modo más sano y provechoso.

Ese proceso de planificación integral y participativa que citaron las entrevistadas requiere, tal como explicaron, en que todos como pueblo converjamos en una discusión positiva en la que se propondrán las diferencias y, finalmente, se llegarán a unos acuerdos básicos que trazarán nuestro futuro.

Para esto, primero debemos comprender que hay todo un andamiaje que hay que respetar. “Nosotros operamos dentro de una realidad estrechamente relacionada. Nosotros estamos alterando esas interrelaciones”, puntualizó Mari para explicar que el sistema natural lo cobija todo y que la sociedad está dentro del mismo como un subsistema, así como la economía es un subsistema de la sociedad.

Y aunque suene paradójico, las autoras tienden a concordar con el decrecimiento y no con su contrario. Explicó Luz que hay una diferencia entre desarrollo y crecimiento. Mientras el segundo propende a aumentar y superar capacidades de ese sistema natural, el primero redistribuye la calidad de vida, el incremento se da en ese bienestar. Entonces ese plan cabal participativo se lleva a cabo desde una toma de decisiones cónsonas a unos principios, metas y objetivos. Entre los principios que exponen las expertas están: el desarrollo sostenible, la democracia participativa, la transparencia, la solidaridad, la justicia y la felicidad. “Esos principios son los filtros por los que pasan todas las decisiones”, pronunció Luz.

Por su parte, Mari contó que “estamos diciendo que ese concepto de sistema es crucial para establecer otra narrativa”, comentó para proceder a describir a las cuencas hidrográficas como “unidad básica de organización de la participación ciudadana” (página 115).

Según Luz, el modelo diseñado para la implantación del plan, que se compone de cuatro ecorregiones, tiene varios elementos como la vinculación de la participación con el espacio territorial, la distribución del poder para democratizar la participación, la visión como eje del diálogo y la organización como instrumento para la toma de decisiones. “Partir de la escala de la cuenca hidrográfica nos permite dirigir la mirada de la ciudadanía hacia las interrelaciones cruciales con el sistema natural, cuyas leyes de funcionamiento rigen nuestra realidad social y económica”.

“Estamos hablando de que los cuatro poderes equitativamente tomen todas las decisiones”, expresó Luz para referirse al poder ciudadano, al poder público, al poder privado no lucrativo y al poder privado lucrativo. Además, agregó que esa concertación que logre un Puerto Rico sostenible tiene que darse en un proceso de educación hostosiana, investigación científica y diálogo inclusivo en el que participe toda la comunidad, incluyendo a los jóvenes emprendedores y a los adultos mayores que “deben ser una fuerza productiva del país”. Y prosiguió. “Aunque esta red (refiriéndose aquí a una red de organizaciones autónomas y vinculadas a las escalas territoriales) evolucionaría de abajo hacia arriba estaría también enriquecida por el diálogo y la comunicación multidireccional, incluida la del espacio virtual y la diáspora”.

Finalmente y haciendo alusión a la portada del libro, Mari se refirió a los árboles de tabonuco, de raíces compartidas y entrelazadas, como nuestro secreto de sobrevivencia y solidaridad. “Ahí reside nuestro poder”, culminó.

Puede adquirir el libro en Casa Norberto en Río Piedras y Plaza Las Américas, Librería El Candil en Ponce, La Tertulia en Río Piedras y otras librerías. Para información, escriba a planificacionprsostenible@gmail.com