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Ahora, en serio… ¿dónde queda la ciudad?

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En Puerto Rico es un reto, mas es posible, identificar un lugar o varios donde las características urbanas combinen para crear vida citadina. Es posible postrar la mirada en una ciudad cuando se reconocen las características de la misma dentro de un plano flexible. Más importante aún, para construir ciudad o aportar a su desarrollo, es necesario reconocer el andamiaje adecuado para su crecimiento.

La lucha fundamental surge al desear una ciudad y luego contrariar la condición urbana. Esto ocurre cuando las decisiones tomadas persiguen una visión de progreso que define urbanizar erróneamente.  Para entender esta dicotomía, es necesario revisar la historia del desarrollo de la vivienda en Puerto Rico. Uno de los elementos más importantes de una ciudad es su componente habitacional y cómo el mismo se asocia con los demás elementos importantes combinándose para promover un sano desarrollo social.

Observando la historia de los programas gubernamentales que buscaban crear residencias para una clase obrera comenzando con la Operación Manos a la Obra, es obvio que estos proyectos crearon un área metropolitana primordialmente suburbana. Las urbanizaciones no son urbanas por definición.  Son mono-programáticas, de baja densidad y se extienden insosteniblemente a través de porciones territoriales amplias, usualmente desconectadas de zonas de entretenimiento, comercio o lugares de trabajo. Es por esto que el desarrollo de las mismas se conoce como desparrame urbano y es, precisamente, la antítesis de la ciudad.

Un segundo término y objeto de estudio ineludible es el casco urbano. Cada centro histórico pueblerino presenta o, al menos, presentaba multiplicidad de usos, actividad y densidad en asentamientos diseñados bajo las Leyes de India que desplegaban una retícula fácilmente extendida en caso que surgiera la necesidad de crecer más allá de los límites originales. El éxodo de los comercios hacia los centros comerciales afectó negativamente la provisión de múltiples programas. La subsecuente falta de alternativas de empleo y entretenimiento desbordó en la emigración de la población a pueblos más activos y cercanos a la capital. En aquellos centros donde quedó algo de actividad, su escala es muy diminuta para considerarles ciudad.  En conclusión, no todos los cascos urbanos siguen siendo urbanos y mucho menos son ciudad.

Aún así, siendo víctimas de la urbanización desmedida sin elocuencia, existe esa conceptualización urbana que llamamos ciudad o, al menos, fragmentos de lo que quiso y puede ser. Resulta como fruto del discurso utópico de algunos visionarios y la planeación militar que hoy llamamos tradición historicista. La ciudad existe en nuestra isla con un distrito central de negocios, apodado la milla de oro. Esta misma ciudad aborda un tren sínico que, aunque funcional, está incompleto ya que finaliza su jornada en Santurce sin continuar a la capital o a sus cercanías o sin cruzar por el “centro de todo”, que es Plaza las Américas. El peatón que desea transitar la ciudad, se apea del tren en su última parada para continuar en bus, taxi o a pié a través de la línea urbana de un main street que culmina en el casco histórico del Viejo San Juan, cruzando Condado y, más adelante, los flancos de la oportunidad que es Puerta de Tierra y el city (no tan) beautiful  de la extensión extramuros.

A lo largo de ese trayecto lineal, cuando el peatón observa perpendicular al mismo, es posible visar cómo la ciudad despliega su influencia reticulada y en otras ocasiones estira lazos y tramos que reaccionan al insumo geográfico, como lo es la Península de Cantera o la Laguna San José. Surgen desarrollos satélites e infraestructurales como el aeropuerto Luis Muñoz Marín o la dicotomía de Río Piedras y su campus universitario. Todo parte de San Juan como punta de lanza que, al viajar, proyecta, y al caer, crea ondas de crecimiento urbano en el camino.

Puerto Rico tiene una ciudad tipo lineal. No obstante, la avenida Juan Ponce de León no es el único componente urbano.  Existen otros componentes fragmentados de la ciudad. El Viejo San Juan, Condado, Isla Verde, Santurce, Hato Rey y Río Piedras son componentes desconectados por la concepción moderna de infraestructura vehicular. El expreso Román Baldorioty de Castro, la avenida Jesús T. Piñero, la Franklin D. Roosevelt, el expreso Las Américas, entre otros, son algunos de los culpables de separar y debilitar la ciudad.

A pesar de esto, ahí quedan los huesos de un cadáver exquisito con el potencial de ser más de lo que ya es –una ciudad.  Queda, como deber presente, utilizar esa última palabra concedida por la generación pasada y crear una mejor.

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