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The PortHole: una arquitectura anamórfica

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El pabellón The PortHole es una arquitectura experimental, diseñada por Antonio Nardozzi y María Dolores del Sol Ontalba [TOMA!] para la décima edición del Festival de Arquitecturas Vivas (FAV) celebrada en La Grande Motte, Francia, galardonada con el Premio del Jurado y el del Público.

El factor experimental de este pabellón es la forma en que se lleva a cabo la técnica de la perspectiva localizada: la entera escultura habitable se convierte en una señal plana, un ojo de buey virtual en el paseo marítimo de La Grande-Motte. En continua evolución, la instalación cambia sus propios rasgos con respecto a los puntos de vista desde lo que se observa, creando, gracias a su naturaleza anamórfica, un círculo perfecto.

El patrón anamórfico ha sido diseñado creando procesos ópticos y matemáticos ad hoc que permiten que, partiendo de un cubo, se pueda recrear la geometría pura de una circunferencia.

Los contornos de los paneles que componen la instalación reinterpretan el panorama de la ciudad mediante el reciclaje de las formas orgánicas de los edificios del arquitecto Jean Balladur y los barcos que rodean el muelle. Sus fluctuantes formas, moldeadas y esculpidas como si hubiesen sido talladas por la erosión del viento, permiten pasear a través de la estructura, refugiarse dentro o sentarse. Un confortable elemento urbano que invita a descubrir ilusiones ópticas inesperadas al ritmo al que el espectador camina alrededor.

El volumen del pabellón, inscrito en un cubo de 3 metros de lado que ocupa una superficie de 9 m2, se compone de 120 tableros de MDF. Como al cortar los tableros se pierde la película protectora en los bordes, se aplica una mano de pintura para proteger las superficies debilitadas y, de paso, se usa el color fucsia como homenaje al FAV.
La apariencia etérea se logra mediante la creación de espacios entre los tableros y gracias a la disposición de la estructura vertical en una parrilla de ejes angulares que consiente ver el mínimo de componentes metálicos desde un punto de vista específico. Las capas van montadas una sobre otra usando 1,500 tornillos metálicos entre ellas. La estructura metálica soporta, une y separa los paneles de madera. Los tableros de MDF están perforados para permitir insertar la estructura vertical y los tornillos se atornillan entre sí para crear una estructura única, estable y sólida. Los tornillos y los tableros trabajan juntos transmitiendo las cargas de uno a otro de modo que el pabellón se convierte en un solo objeto que transmite todo su peso ortogonalmente sobre el suelo del puerto.

Por otra parte, la conformación particular del pabellón sigue el paso del viento y no genera superficies verticales de contraste.

The PortHole, por tanto, ofrece una experiencia completamente dedicada al placer de contemplar el paisaje mien tras se disfruta de la brisa de la costa y arrullado por las olas del pabellón. Un lugar que sugiere ralentizar, interactuar y concederse un momento de reflexión que perdurará mucho tiempo, más allá de lo efímero.

www.toma.archi

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