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Sala de Evidencia: Espejo apocalíptico de la historia de la humanidad

en Arte/Entrevistas por

A punta de pistola está el espectador una vez entra a la exhibición Sala de Evidencia del artista Coco Valencia que se exhibe hasta el domingo, 20 de noviembre en la Sala Campeche del Museo de San Juan.

Entrar a Sala de Evidencia es entrar a la guerra interna de Coco Valencia. La instalación que consta de una serie de esculturas negras de madera nos adentra en el eterno ciclo de guerra y violencia que vive la humanidad al intentar conquistar lo que no se puede poseer: la naturaleza, las personas, las creencias y el conocimiento. Es ese deseo insaciable de querer dominarlo todo. Y si no puede, lo destruye. «Quería mirar ese lado primitivo de la humanidad. Para mí la guerra es algo primitivo.», dice. 

El artista, quien estudió arquitectura con Jaime Suárez en la Universidad Politécnica de Puerto Rico y luego estudió escultura y grabado en la Escuela de Artes Plásticas, ocupa el espacio y todas sus superficies con una teatralidad impactante. Una de las formas en que lo logra es con la proyección de las sombras de las esculturas sobre los muros y el suelo. «Cada uno de nosotros en este plano tiene una sombra y quiero que esa sombra forme parte de la exhibición», expresa.

El arte apela a lo oculto de la psiquis, a lo que está dormido.

«El espacio me permite trabajar con la altura. Aprovecho que las paredes no están rotuladas, no hay nombres de piezas porque estás dentro de una atmósfera, de una instalación. Todo funciona como una historia. Al principio te da una bienvenida con una distorsión de la realidad (con las esculturas a relieve a la entrada). En el centro está la víctima, que es el conocimiento, (la serie de enciclopedias quemadas que forman cuerpos humanos) y al final están los ejecutores de esa guerra: la dictadura, representada por dos pistolas, un dictador que ejecuta con su palabra, el presidente de un estado democrático representado por un ente que es mitad humano y mitad caballo, un caballo moribundo, y los diputados que son hombres-sillas que no echan raíces, que no dan frutos, (hechos) con ramas de tamarindo. Ellos son los que crean la guerra por negocio y nosotros nos vemos afectados por eso. (…) Uno la dictadura y la democracia porque, desde mi punto de vista, la democracia funciona como una dictadura cuando nos impone una guerra.», comenta. «Por eso juego mucho con el tamaño, la proporción, para que el espectador (cuando) vaya transitando, se vaya incorporando a la sala.»

La experiencia de caminar entre las esculturas de Sala de Evidencia es una especie de realidad virtual. Es adentrarse en la cabeza de Coco Valencia y, a su vez, en la conciencia colectiva y en la propia. «Es como si estuvieras viendo una película que se detuvo», dice. «Estoy influenciado por el cubismo sintético, el constructivismo, la idea de que el arte habita en una realidad de sí misma. Emula la realidad humana, nuestro entorno, pero es en sí una realidad.»

Todo parece quemado y haberse detenido en el preciso instante justo antes de desintegrarse y dejar de existir. «El uniforme de la guerra es el negro. Todo se vuelve negro: las cenizas, el fuego, la destrucción. Todos visten el mismo uniforme, el de la fatalidad de la guerra.»

Yo no hago bocetos. Yo lo que hago es que escribo una historia y de ahí creo unos personajes.

Las esculturas toman formas atemporales con piezas de aviones, barcos o cañones que parecen venir de diversas épocas de la historia y que se confunden con partes del cuerpo humano, como huesos o cráneos, y, en ocasiones, evocan una cruz, la presencia divina. «La existencia está hecha de creencias y creo que eso es lo más bello. De todo esto, que nosotros somos la humanidad creando y destruyendo, de repente tenemos esta añoranza de que algo superior tiene el control y nos está favoreciendo. Aunque estén en la misma guerra, todo el mundo está invocando algo para que le ayude a vencer al otro bando. Para mí es, hasta cierto punto, irónico también.»

Cada pieza viene de material rescatado y, por lo tanto, tiene su propia historia. «La madera vino de un edificio de dos plantas que yo demolí que era un restaurante con una barra y cuartos arriba. Tiene las historias de otros, peleas, conflictos. Todo se transforma y va acumulando su historia hasta que se convierta en otra cosa, en otra interacción humana. Tiene otra energía, otra forma, otro estado.» Les dio dando forma de manera intuitiva, sin planificar mucho, hasta que lograr lo que quería. Luego las pintó de color negro. «A estas enciclopedias (rescatadas, con formas de figuras humanas en el suelo), yo les llamo La danza de la guerra porque lo hice con este movimiento con la forma del infinito, que es como un ocho, en la danza de crear y destruir. De toda la exhibición esto es lo único quemado». Aquí el conocimiento es la víctima.

Necesitamos la violencia para entender que no la necesitamos.

Valencia, quien vivió la violencia de cerca a lo largo de su vida, nos hace reflexionar sobre la guerra a nuestro alrededor y la guerra que tenemos con nosotros mismos. Nos refleja con el espejo de su obra, la escena dantesca que vivimos a diario desde los inicios de la humanidad. Creamos y destruimos. Parece que con el tiempo, a lo largo de los siglos, nada ha cambiado. Por otro lado, nos muestra la fragilidad de la vida, de que con el paso del tiempo somos cada vez más vulnerables en una irremediable tragedia apocalíptica que, sea violenta o no, nos conduce al inevitable fin de la existencia. El artista nos pone de frente a nuestro lado oscuro, a esa sombra propia que no queremos mirar. La guerra interna que vive el artista es la misma que vivimos todos, la que nos lleva a la autodestrucción si no logramos el dominio del ser y conquistar la paz del espíritu.

www.facebook.com/MuseodeSanJuan

Foto: Laura Aquino González para 90GRADOSº
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Foto: Laura Aquino González para 90GRADOSº
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