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Renia Fermaint Rosa: La ninfa mística del performance

en Arte/Entrevistas por

Con una sonrisa en sus labios y una pluma colgando de su oreja izquierda que aleteaba y purificaba la energía al pasar, llegó la artista Renia Fermaint Rosa a nuestro encuentro. Estaba muy contenta porque llegó recientemente de participar del Festival de Performance Kilómetro Cero en Santo Domingo. Desde sus comienzos en el 2012, Renia, quien también es escritora, se ha estado abriendo paso en el mundo del performance contando historias con su cuerpo en lugar de las letras. 

¿Cómo fue tu experiencia en el Festival de Performance Kilómetro Cero en Santo Domingo? 

Fue una gran experiencia salir del país y exponerme a otro público en un arte que todavía es bastante relegado y poco entendido. El performance no intenta crear un objeto, lo que intenta es crear una acción en donde el medio principal es el cuerpo y, aunque tenga una estructura, busca mucho la improvisación y el contacto o la participación con los espectadores, a quienes llamo “actuantes”. Para mí fue una gran experiencia porque yo no esperaba que los espectadores actuantes fueran tan efusivos y participaran del performance completamente.

Una performance o acción artística es una muestra escénica, muchas veces con un importante factor de improvisación, en la que la provocación o el asombro, así como el sentido de la estética, juegan un papel principal.

¿Qué presentaste?

El primer performance que hice se tituló Cómo reconstruir una isla colonizada después de un huracán. Básicamente quería reconstruir una casa en madera. Cuando ya tenía la casa formada, escogí por sus zapatos a un chico (del público), tomé su pie y aplasté la casa como símbolo de que en esta isla colonizada la reconstrucción es bastante complicada porque vivimos en una colonia. El tema era muy pertinente al momento en que estamos viviendo.

2017, «Cómo reconstruir una isla colonizada luego de un huracán»
Festival de Performance Kilómetro 0, en Santo Domingo
Foto: Esmeralda Pérez Tamiz

Estudié economía (como parte del proceso para crear el performance) y llegué a los fondos buitres. Así que quise imitar el comportamiento de los buitres mordiéndome al inicio del performance y escupiéndome como símbolo de desprecio del opresor a la colonia para expresar el ciclo en que vivimos. El simbolismo es esotérico, está “escondido”, así que la gente lo tiene que descifrar. Un dominicano, en medio el performance, que yo estoy con el puño en alto empezó a cantar el himno revolucionario de Puerto Rico, el himno original. ¡Un dominicano! Todos los que estábamos allí empezamos a cantarlo y la gente empezó a llorar, algo impactante. Fue como una reivindicación de nuestra identidad. Yo me sentí bien contenta con el trabajo realizado. Jamás pensé que iba a tener esa recepción de la gente.

Días después, presenté otro performance que se llamó Tú (no) eres como nosotros que era bastante ritualista y estaba jugando un poco con la concepción de que los que viven en tierra firme, como lo que exponía el festival, fueran diferente a los que vivimos en una isla. Y yo lo que quería expresar era “tú (no) eres como nosotros” pero sí, creando ese vínculo de que sí somos iguales, somos seres humanos. Así que lo que hice fue un ritual energético de cierre muy personal, en el que incluso aclamaba a mi abuela difunta, a los chamanes, etcétera, y también participaron personas puertorriqueñas y dominicanas que estaban allí. Fue bien bonito.

Yo soy toda agua, toda emociones. Necesito siempre el agua presente porque es algo con lo que me identifico completamente. En el performance uno no está actuando, uno se presenta vulnerable tal y como es.

¿Qué oportunidades surgieron a partir de tu participación en el Festival? 

Varias cosas, te puedo mencionar algunas. Me invitaron a participar de un conversatorio con los estudiantes de la Escuela Nacional de Artes Visuales en Santo Domingo para hablar sobre performance. Yo comencé en esto en el 2012, o sea, hay muchas personas con mucha más experiencia y conocimiento que yo, y fue una bonita experiencia expresar mi trabajo, mi arte. Estando en Santo Domingo me invitan a un conversatorio sobre performance y sobre mi arte en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce. Fueron bastantes estudiantes y fue bien interesante porque fue bien dinámico. Yo pude expresar lo que yo considero que es el performance y fue otra oportunidad que se me dio con este festival.

2014, «Esas que no soy yo»
Casa de Cultura Ruth Hernández y Museo de Arte Contemporáneo
Tema principal: Mi experiencia conviviendo con el Trastorno Obsesivo Compulsivo
Foto: Heriberto Castro

¿A qué atribuyes las reacciones de los espectadores y “actuantes”?

Yo creo en parte de cómo la gente reaccionó de esa forma fue la energía que creé al principio. La gente pensaba que ya había empezado el performance y en realidad no. Yo hice un sahumerio y siempre que voy a salir a escena hago un tipo de invocación y un ritual. Ya yo había creado una atmósfera, pero entre el sahumerio y las invocaciones creo que creó una energía de expectativa. También los actos que llevo a cabo en el performance — como escupirme y morderme — son actos que impactan. No son actos aleatorios para llamar la atención, es algo estudiado, pero no dejan de ser impactantes. Es difícil determinar si el público estaba más abierto a ese tipo de experiencia. Yo sentí que estaban completamente abiertos a recibir. Yo creo que eso lo determinó la energía que creé desde el principio.

2012, «No resurrections» La Casa de los Contrafuertes, Viejo San Juan
Temas principales: el olvido, la memoria.
Foto suministrada.

Yo pretendía que en el performance sobre la isla colonizada alguien dijera algo sobre Puerto Rico. Una muchacha de Haití dijo que quería que Puerto Rico fuera libre frente a todo el mundo. Otra persona de Puerto Rico dijo “¡Coño, nos están matando!”. O sea, fueron expresiones bien fuertes. Otras personas las escribieron en index cards. Yo tenía también una vela del Arcángel San Miguel que es el que batalla contra el mal y es el protector. Entonces es todo un simbolismo que no necesariamente todo el mundo iba a captar por desconocer los símbolos pero todo tenía una razón de ser. Incluso, yo me sentía protegida por esa vela del Arcángel San Miguel. (Al final) apagué la vela con los dedos. Yo salí quemada, yo salí magullada, yo salí de todo pero fue parte de (el perfomance). Yo creé mi espacio, siempre lo hago, porque yo necesito conectarme. Me ha pasado en otras experiencias que como que no conecto y entonces las cosas no fluyen y yo no estoy segura de que salieron bien. Yo necesito esa conexión espiritual, o como le quieran llamar.

2013, «Condición de ausente»
Cuartel de Ballajá
Tema principal: los desaparecidos en Latinoamérica
Foto suministrada.

Hay una parte planificada y hay una parte improvisada. Nunca sabes cómo el público va a reaccionar o responder. Sin embargo, se logra sincronía. ¿Como lo manejas?

Ay, pues a mí eso me parece fascinante porque hay que jugar tanto con la improvisación, con la reacción de los “actuantes” y los espectadores. Es fascinante porque te coloca en una situación de vulnerabilidad también. Yo tenía un envase lleno de agua (en el performance de la isla colonizada) y ese chico que escogí por sus zapatos para que aplastara la casa me siguió hacia la tarima y yo nunca le pedí que me siguiera. Eso fue algo que salió de él. Yo tenía unos cuarzos dentro de ese recipiente y me cuentan que él fue cuidadosamente a echar esa agua en unas plantas que habían allí y cuidó las piedras para que no se salieran. Y eso a mí me pareció hermoso porque yo ni se lo pedí y él lo hizo. Yo le di el recipiente y le dije, “Haz con el agua lo que tú quieras”, y él hizo eso. Me maravilló su sensibilidad. Incluso, yo pensaba que había perdido los cuarzos pero él los cuidó. Que surgiera el Himno Revolucionario de Puerto Rico de un dominicano le sumó mucho al performance porque era algo totalmente inesperado. Yo me mantuve solemne al himno y fue bien impactante.

Para mí, jugar con eso es la parte más fascianante del performance. Esa vulnerabilidad en la que te encuentras, que piensas que tienes todo cuadrado pero en realidad no. En el otro performance tenía una tela que creó mi madre y pregunté si alguien quería sentarse en ella y todos querían participar. “¡Wow, gracias!”, pensé. Una persona cuidó el sahumerio, otra me quitó el vestido porque yo estaba bregando con barro. O sea, uno se siente también acogido dentro del proceso y sientes que lo que haces de alguna manera le está llegando a alguien.

2013, «Cuerpos expuestos»
Galería Guatíbiri
Tema principal: Indaga el hecho de la presencia de un cuerpo que en su propia tragedia y en la escena del crimen es convertido en objeto de consumo público.
Foto suministrada.

¿Por qué usas elementos místicos y ritualistas en tu performance?

(Es) mi vida diaria. Yo soy muy de rituales. Siempre estoy invocando a los chamanes, a los ancestros, a mi abuela. Tengo mucha cercanía con ella aún cuando ya no esté con nosotros y yo necesito llevar eso al espacio de presentación porque es una forma de cuidarme, de protegerme. Me hace coger esos elementos en específico porque soy muy de lo esotérico y de lo oculto. Y necesito muchos de esos elementos, que muchos son bien estudiados, como la vela de San Miguel Arcángel, que lo conocí y aprendí sobre él y su historia recientemente. Usé el palo de lluvia porque tiene el sonido del agua. Para mí el agua es muy importante porque yo soy toda agua, yo soy toda emociones. Entonces yo necesito siempre el agua presente porque es algo con lo que me identifico completamente. Lo llevo al performance porque mi vida diaria es así. En el performance uno no está actuando, uno se presenta vulnerable tal y como es.

2017, «Tú (no) eres como nosotros»
Festival de Performance Kilómetro 0, en Santo Domingo
Foto: Esmeralda Pérez Tamiz

¿Cómo te sientes cuando estás inmersa en tu círculo seguro de expresión pura en el performance?

Para mí es total sanación, mi cura, el momento en que me siento a salvo por más que me esté exponiendo. Sin el arte yo no estaría aquí. Me siento sana, libre, en un proceso de purificación y sanación que sin el arte no vería. A pesar de la ansiedad y el nerviosismo que me crea, estoy a salvo. Para mí el arte es todo.

2012, «Cautiverio autoimpuesto»
La Casa de los Contrafuertes, Viejo San Juan
Temas principales: exploración del cautiverio, lo hermético, lo desaparecido.
Foto suministrada.

¿Qué planes y proyectos tienes próximamente?

Este año es muy activo. Próximamente presento mi tesis de mi maestría en Creación Literaria, que es mi primera novela, en la Universidad del Sagrado Corazón. La escritura es mi pasión, sin ella no soy nada. Participaré el 29 de abril en el Día Internacional de la Danza.

Además, estoy organizando un evento en agosto que se llama Cortocircuito sin tabúes: Acción artística por la salud mental donde se estarán convocando artistas nacionales e internacionales — estos últimos actuarían por diferido con audiovisuales — donde cada uno presenta una pieza artística a tenor con un tema de la salud mental. Es como una serie de estaciones con distintas disciplinas — música, baile, performance, etc. — y luego habrá un conversatorio con artistas y expertos en el tema de la salud mental para hablar sobre el arte como ente sanador. Ahora mismo estoy haciendo la convocatoria y es el primer evento de esta magnitud que hago. Está bien cerca de mi corazón, mi alma y mi espíritu porque mi propósito mayor es que la salud mental deje de ser un tabú. El timón de mi trabajo con salud mental es porque tengo el trastorno obsesivo-compulsivo. Tengo varios proyectos para este año y quiero dirigir mi trabajo a temas más trascendentales.

www.instagram.com/reniafr6

 

Para participar en Cortocircuito sin tabúes: Acción artística por la salud mental, escribe un email a reniafermaint@gmail.com.

Video de portada: 2013 «Condición de ausente», Cuartel de Ballajá. Tema principal: los desaparecidos en Latinoamérica.

 

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