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René Monclova, Suzette Bacó y el casi desencuentro: un relato para nada tonto

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¿Qué tienen en común la diligencia para renovar un marbete, una desmemoria y la maniática obsesión del reloj de ir siempre hacia adelante? Como todo buen acertijo no es fácil de adivinar. Y como tampoco es menester pasar horas y páginas intentando descifrar, te delataré la solución. Ve las palabras a continuación para la respuesta.

Llegué media hora antes. No fue a causa de nervios preencuentro sino de la ansiedad que me caracteriza. Transcurría el tiempo y no había indicios de presencias. Primero fue ella, quien estaba a cargo de reunirnos. También sorprendida por la tardanza. Disculpa, me repitió. Estas cosas pasan, creo que le respondí, mostrando interés por la reunión, aunque sucediera días más tarde. Casi me despedía cuando él la llamó. «Estoy cerca», al parecer dijo. Por supuesto, decidí esperarle; algo intuía que no podía perder la ocasión. 

Llegó y se excusó por la demora. Cuando comentó la razón no pude más que echarme a reír. Se le había ocurrido ir a renovar el marbete antes de la entrevista. De ella, de la otra ella, no sabíamos nada todavía. Obviamente, opté por quedarme y conversar con él. Quise saber cómo les había ido durante el fin de semana en el estreno de la obra. Por lo que rememoró, la audiencia se involucró totalmente en la trama, haciendo intentos por descubrir cada uno de los enigmas de la pieza teatral. ¿Cómo lo supo? Pudo escuchar a personas resolver las encrucijadas en voz alta. Él debía seguir como si no las escuchara. 

Le pregunté por Omar y contestó algo que yo comprobé cuando entrevisté al director. Afirmó la paciencia y la inteligencia de Omar, y la garantía de que con él siempre se obtienen «buenos textos». Ella — la que aún no había llegado — confirmó luego lo que su compañero expresó.

René Monclova – el “paciente” por dinero- se enfrenta a los extremos en la obra Idiota. Foto suministrada

Siempre tengo una gran inclinación por conocer — en lo poco que pueda llegar a entender tal complejidad — cómo trabajan las mentes dedicadas al arte. Con cada pregunta, comenzaba con su nombre; como si así me asegurara que definitivamente estaba hablando con él. «René, ¿y tal cosa? ¿Y esto otro?». De manera que me contó que todas las veces que se le presenta la traducción de un texto busca el original. Se levanta muy temprano, bebe cafés y estudia, estudia mucho. Para Idiota — del catalán Jordi Casanovas —, incluso leyó referencias como Los Juicios de Nuremberg contra responsables del régimen nazi y los polémicos experimentos del psicólogo estadounidense Stanley Milgram acerca de la obediencia a la autoridad. 

Pretendí que me salía de la obra para abordar otros temas, pero si lo pienso detenidamente, todo tiene correlación. Quise dialogar sobre las situaciones sociales que más le afectan y ahí nos involucramos mucho. Yo asentía casi todo el tiempo. Quería hablar, pero claramente no era mi momento. Mencionó la colonia, a La Junta de Control Fiscal, «lo que se vive en Puerto Rico es un genocidio sofisticado». Creo que se nos quedó vagando algún tipo de pesimismo — al menos a mí. 

Alcancé a ver por el rabillo del ojo cuando la esperada ella buscaba estacionar. Se nos acercó con prisa, como agitada, pidiendo disculpa. Su situación: su agenda mental había borrado completamente nuestro encuentro. Volví a echarme a reír. Aunque en un principio parecía que algo cósmico no posibilitaría vernos (por vez primera), allí estábamos los cuatro: la primera ella — encargada de reunirnos y a quien por cierto se le habían quedado las llaves dentro del auto encendido cuando se encaminaba a encontrarnos — él, la segunda ella y yo. 

A Suzette la pusimos rápido al tanto de la conversación. «La educación es vital. Un país que no se educa jamás se va a dar a respetar» («un pueblo educado no se somete», habría dicho minutos después), sostuvo. Y aunque manifestó otros graves problemas como los mínimos recursos disponibles para los ancianos y la pobre división entre Estado e Iglesia, concluyó que todo recae en la formación educativa.

Suzette Bacó -la psicóloga de una destacada Fundación- está a cargo del experimento, en el que autoridad y obediencia se marcan intensamente. Foto suministrada

Cuando aludí a Idiota, la actriz recordó la sorpresa del público ante la obra «muy psicológica» y el juego de la gente en ver quién descifraba mejor los enigmas. Acerca de sus rituales de estudio y ensayo, confesó necesitar supremo silencio y la mesa del comedor acomodada con marcadores, papeles, bosquejos, preguntas; y en el camerino, fotos de su familia, una vela aromática, una figura del Niño Jesús y otra de un Buda pequeño. Y como si fuera poco, antes de entrar a cada función, relee la obra completa. 

No sé si ella se dio cuenta o fue un acto reflejo, pero de cuando en vez tocaba rápidamente mi brazo izquierdo al responder. Por mi parte, lo sentí como un gesto maravilloso de confianza entre dos seres que apenas se conocían. 

Terminamos hablando de las redes sociales. A Suzette realmente no le agradan, aunque admitió haber hecho las paces con ellas y utilizarlas con sumo cuidado y mostrándose tal cual es. Mientas que a René le «importan poco» y le parece «atroz que la gente se esté autocarpeteando» (refiriéndose al carpeteo o el acto de persecución y vigilancia que tuvieron que enfrentar los que se expresaban contra el Gobierno y cuya realidad se conoció públicamente para 1987). Ahora, revelamos nuestros datos, nuestra actividad diaria, así, voluntariamente y de manera aparentemente despreocupada, a través del ciberespacio. Quizás, la soledad y la insatisfacción que se padecen — como expresó Suzette — sean las que provocan nuestra necesidad incansable de la mirada ajena.

Cartel promocional de la obra teatral Idiota. Foto suministrada

Definitivamente, todos teníamos compromisos que atender posteriores a la entrevista. Les confesé que no quería dejarlos ir, que por mí hubiera seguido con sus compañías. Lo que René, Suzette y Paloma no sabían era que ese rato compartido me permitió respirar mejor, literalmente. Luego de días de pesada ansiedad vital, las dos ellas y él me ofrendaron calma, incluso con los primeros traspiés del encuentro y la densidad de los temas. 

Ah, y me comentaron brevemente sus próximos proyectos, pero como anhelo que el Universo nos siga topando en el camino, eso será materia de otro escrito. 

Idiota — dirigida por Omar Torres Molina — se presenta mañana viernes, 7 de junio y el sábado, 8 de junio a las 8:30 p. m., y el domingo, 9 de junio a las 6:00 p. m., en el Teatro Victoria Espinosa. Los boletos están disponibles en Ticket Center. También, puede llamar al 787-792-5000.

 

Imagen de portada: Suzette Bacó y René Monclova tienen a su cargo el humor y el suspense en esta pieza que nos enfrenta a la vorágine de los espejos. Foto suministrada

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