Luciana Cacciaguerra Reni y una pintora como la llama de una vela

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Un fino hilo comunicacional unía nuestras voces. Ella en Panamá, yo en Puerto Rico. La delicadeza de su tono entraba tenue por mi oído que competía con el ruido musical de aquel café. Me moví entre las mesas como si eso pudiera aplacar el estruendo del mediodía. Achiné los ojos e incluso tapé mi oreja derecha en un intento raro de escucharla mejor, mientras hacía malabarismos para escribir las notas. 

Sin embargo, su dulzura mitigó mi ansiedad. Había observado algunos de sus cuadros y —sin duda (me atrevería a decir)— son una resonancia fiel de su personalidad. Hay una cualidad sencilla, limpia, abierta, despejada de cualquier ostentación, en las pinturas de Luciana Cacciaguerra Reni. Es un tránsito por una naturaleza en extremo colorida que se avienta sin la sujeción de un paracaídas hacia un cosmos satisfecho de vitalidad.

Estrella Marina.
Lucciana Cacciaguerra. Foto suministrada

Con una inclinación por la flora y la fauna, y una técnica muy cuidadosa en los detalles, las piezas de la artista me sugieren un control —no en su imaginario— sino en su estilo puntilloso sin ser excesivo. Existe un balance energético que cuenta la historia de un universo poético. Sus pinturas –hechas en acrílico— (re)presentan la virtud originaria de nuestro principio creador que tal vez hemos dejado de observar por prisa, por desidia, por hábito.

Inseminación. Lucciana Cacciaguerra. Foto suministrada

Aunque nacida en Venezuela, Luciana se considera nómada siendo sus dos otros puntos más visitados: Panamá e Italia. Genealógicamente unida por la parte materna al pintor boloñes del siglo XVI, Guido Reni, ella además es periodista y escritora, muy interesada en la justicia social y cultural.  

Ciertamente, esta artista plástica —con una colección actual de 90 obras y exhibida internacionalmente— confía su pasión creativa al color y a la luz. Y el símbolo de estos atributos: los peces tropicales por sus tonos y formas maravillosas.

Pavo Soberbio. Lucciana Cacciaguerra. Foto suministrada

Observo una vez más parte del porfolio de Luciana. En la noche que me presagia aún mucho trabajo, sus cuadros poseen una especie de sacralidad meditativa que me hace recordar a un mandala. Ahora, la nocturnidad se hace más suave, más sutilmente lumínica como la llama breve de la vela blanca que tengo encendida en mi mesita. 

www.lucianacacciaguerra.it

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