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Llaima Suwani Sanfiorenzo, la artista que investiga la libertad

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«Me encanta tu pelo rapado», le dije con verdad entusiasta y alguna añoranza. Lo cierto es que hace cinco años me provoqué cortarme el pelo muy corto, luego más aún, intentar dejarlo crecer, arrepentirme, volver, en una aparente laxitud que solo era fingida. Me recuerdo siempre desde una estética arrasada —poco conveniente y convincente para el lugar donde existo. Así que haberla visto en días recientes con un cabello mucho más extenso y abrazarla desde la reja que se abre, las dos ante la inconveniencia del mundo, me pareció un fragmento apetecible.

En su caso no me había apurado a preguntarle de qué conversaríamos. Me había citado para hablar de un nuevo proyecto — de ahí el cambio de su cabello — y para mí eso fue suficiente, aun cuando en el juego de las suposiciones yo estaba segura de que se trataría de otra de sus obras cinematográficas. Aunque no muy lejos de ese primer pensamiento, se trataba definitivamente de otro asunto.

Ahora, Llaima Suwani Sanfiorenzo no estaría detrás de la cámara sino en la parte delantera, justo frente al espejo del lente, en el retomar de su videoarte. Como una de diez artistas participantes en Puerto Rican Arts Initiative (surgida a raíz de una propuesta de Ramón Rivera Servera, director del Departamento de Estudios de Performance, en la Universidad Northwestern, en Chicago, Illinois), ella trabaja en lo que será su presentación (pieza) final de este proceso de mentoría y residencia de dos años. Respaldada por el artista Chemi Rosado Seijo — pintor, videoartista, creador de instalaciones y más —, quien funge como mentor, Llaima (nombre mapuche para Montaña que Truena) elabora su proyecto en proceso titulado (ahora) Al revés de las aguas. Junto a la artista del movimiento e instructora de la Técnica Alexander, Karen Langevin — como artista invitada —, Llaima rescata no solo su práctica de videoarte sino su memoria.

Llaima Suwani Sanfiorenzo retoma su práctica del cuerpo que inició hace 13 años con una pieza que aborda la libertad extrema. Foto suministrada

Junio de 2002, Vieques, Zona de tiro: Llaima, junto a otros compañeros, servía de «escudo humano». Al quinto día, son arrestados. Recuerda haber estado encerrada en lo que denominó «una perrera» todo el día bajo el sol. Pero al no tener la edad para ser procesada fue puesta en libertad. De modo que diecisiete años después, la artista examina aquella vivencia de encierro, siendo Karen y ella “las cuerpas de la pieza”. «Es una exploración silente donde dos cuerpas de mujer escapan de un laboratorio militar y reconocen la isla, desde la experiencia de la libertad, la resistencia, la anarquía y la mujer autónoma», afirmó Llaima. Y añadió: «El subtexto del vídeo presenta la persistencia hacia una libertad que está sujeta a la geografía insular». 

Al ver algunos pedazos de lo que se había grabado hasta el momento de nuestra charla, pude sentir un tipo de vértigo encerrado en la paralización; como en los sueños (y el sueño) en el que intentas levantarte de la cama y una fuerza oculta te impide hacerlo hasta someterte una y otra vez a la privación del movimiento. En otros, percibí el empuje que puede dar la rabia, el deseo vehemente de recuperar la naturaleza despojada de cualquier sometimiento. 

«Es un honor trabajar con una persona a la que admiro y que ha aceptado el recorrido “extreme” por las aguas y las tierras de Puerto Rico», expresó Llaima sobre Karen y explicó que: «No somos dos personajes sino el mismo que nos multiplicamos por dos; ella está conmigo en todas las tomas». Acerca de la interacción con Chemi, expuso que ha recibido su energía entusiasta por «atreverme a retomar la práctica del videoarte», visión que ha estado junto a ella desde hace 13 años. Como parte de su rigurosa preparación, Llaima, quien siempre ha estado cercana a las prácticas corporales, asistió — nuevamente — a la ejecución de la danza moderna con la destacada bailarina, coreógrafa y profesora Petra Bravo.

Dejar respirar a la bestia es una pieza de esta artista, quien creó el concepto original y la dirigió, siempre en persistente exploración de los cuerpos. Foto (Still) por Llaima Sanfiorenzo

Mediante un estudio profundo de teorías e investigaciones, la cineasta — que prefiere el término de “humanista” — decidió en este caso dejar la edición en otras manos. «Quise darme la oportunidad de conectar con el personaje que soy yo y no necesariamente establecer una comunicación conmigo misma en la mesa de edición». De ahí partió mi pregunta sobre cómo aborda la (auto)censura. «No le tengo miedo al cuerpo, a utilizarlo, y soy amiga de todo lo que puedo lograr con él», dijo la madre de dos niñas. Además, apuntó que: «Utilizo el desnudo de una manera antierótica, antisensual, para desmitificar el cuerpo de la mujer como provocación». 

En la mencionada pieza — que deberá estar lista para agosto de 2020 y cuenta con Brendaliz Negrón como directora de fotografía, Johannes Peters en el sonido y Dama Estrada en la asistencia general — confluyen lo estético y lo ético. «Con las decisiones que esas dos mujeres toman hay una ética de rebeldía, de supervivencia y de respeto mutuo», sostuvo, quien además es parte del colectivo de artistas en la exhibición que comenzó el pasado noviembre titulada Anarquía y dialéctica en el deseo: Géneros y marginalidades en Puerto Rico, en el Museo de Arte Contemporáneo. 

Llaima — que ha visitado diversos países — comentó que, mientras en algunos prevalece la mente y en otros el cuerpo no es protagonista, en Puerto Rico «la relación con nuestro cuerpo es distinta; siento que hay algo como una exploración del cuerpo en la vida cotidiana». Como indicó, «se está validando también que en el cuerpo en movimiento se activa una resistencia (contra los controles culturales: controles que se ven, por ejemplo, en |los cuerpos militares|)».

Respira es una pieza de Llaima Sanfiorenzo en la que los cuerpos experimentan el movimiento en un espacio reducido. Foto (Still) por Vivian Bruckman y Carla Cavina

Nos despedimos; ella rapada y yo a punto de serlo. Quizás ella pensando en cuánta libertad posible o en alguna especie de milagro como su anécdota: «Estábamos en el área de tiro y ya había escasez de agua; todos estábamos en modo de sobrevivencia. Uno de los compañeros ya no tenía agua (se encontraban en la decisión de quién daría de la suya). Pisamos un montón de botellas de agua nuevas». Le pregunté asombrada cómo era posible y me narró que los que se iban dejaban las botellas escondidas para que los que siguieran las encontraran. Al escucharla, se me estrujó la patria como cuando quieres abrazar tanto. Quizás yo, aspirante a… Ella, plena libertad. 

 

Imagen de portada: Al revés de las aguas es un trabajo en proceso en el que Llaima invita a la artista Karen Langevin a experimentar la libertad desde las cuerpas en resistencia, anarquía y autonomía. Foto por Johannes Peters

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