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Lizbeth Román y el cosmos artístico de una bruja

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El Universo es infinitamente más vasto de lo que hemos habituado a nuestros sentidos comprender. Muchas veces estamos tan inmersos en la costumbre de la rutina que descuidamos el entendimiento mayor de las cosas que pasan. Pero siempre hay algo o alguien que rompe ese estado superficial en el que no percibimos la grandeza de lo que somos y nos circunda para hacernos ver una realidad más profunda.

De modo que llevar a cabo una entrevista en la que la interlocutora hable de galaxias, brujas y rituales no es algo en lo más mínimo común. Mas debo confesar que a mí, como apasionada de lo esotérico, me cautivó desde mucho antes que emitiera palabra. Ella es un ser de esos que emanan luz con su sola presencia y lo que tenía que decir iba mucho más allá de aquello que se suele atribuir únicamente a los interesados por lo oculto y el misticismo.

“Los duendes invisibles son un referente a lo imaginario, a lo onírico, donde se da esa energía creativa. Creo en esos seres galácticos, místicos, que te protegen y son cuidadores de lo creativo, del arte”, sostuvo la cantautora Lizbeth Román para explicar el concepto que acompaña a la carátula de su disco La otra ruta: live at New York y permea en todo su proyecto musical. “Me parece importante el diálogo con la diáspora”, declaró y enunció que contó con la participación de Enrique ‘El Peru’ Chávez, Andrés ‘Kino’ Cruz, Ariel Robles, Joe Kimple, Marili Pizarro en el diseño y el arte del cd, y Néstor Salomón en la restauración sonora y masterización.

Foto: Eric Rojas

Sin pretender definir el arte que ejecuta, Lizbeth mencionó que podría considerarse como una bohemia caribeña en la que los temas son tan múltiples como la poética de lo cotidiano. Con mucha influencia de la percusión, ella crea las letras de sus canciones e incluso las ideas que conforman los vídeos musicales, reconociendo que los artistas que la acompañan aportan grandemente a la obra final.

Así, Bolero Saltarín, su más reciente vídeo, es una evocación al momento en que jugaba sola a ser cantante. “Jugué tan en serio que es lo que soy ahora”, dijo con la sonrisa que durante toda la entrevista se presentó fiel. Por su parte, la canción y el vídeo nombrados La bruja expresan, según la artista, el intento de abandonar las concepciones que demonizan dicho término. “La bruja es un ser consciente y sensible, con una conexión espiritual”, agregó. “Una imagen con la que me he reencontrado es la ceiba y pudiera compararse con la bruja”, comentó para apuntar que en sus lecturas encontró que los antiguos habitantes iban a la ceiba a pedir consejo y que al ser un árbol místico los vientos no se atreven a tocar.

Con la colaboración de Eric Rojas en ambos vídeos, la egresada en Teatro de la Universidad de Puerto Rico, quien ha sido parte del elenco de la obra La zapatera prodigiosa, dirigida por Rosa Luisa Márquez, contó que le fascina el rol de la dirección artística. “(…) estar ‘escondida’ y ver cómo se materializa un mundo que no existía”.

Foto: Eric Rojas

Igual que profesa amor por todo lo que realiza a través de su arte, Lizbeth asiste con la intensidad de su guitarra adonde se requiera su voz para causas sociales. Recientemente, coincidimos en la manifestación artística convocada para que reabran las puertas de la Casa de Cultura Ruth Hernández Torres, en Río Piedras. “Yo estoy enamorada de ese espacio”, afirmó, quien fuera parte de la residencia La espectacular, de la que surgió una pieza experimental llamada Bobby Rebellion. “Necesitamos nuestros centros culturales abiertos, donde se apoya el quehacer artístico. Estos espacios son pulmones; la gente respira, comunica, crea”, aseveró.

Como artista independiente y considerando el arte como una puerta al infinito y a múltiples maneras de articular lo imaginario, Lizbeth reconoció que su proyecto se ha dado con mucho esfuerzo y trabajo. “La gente agradece lo genuino y lo que se hace con amor. Yo me entrego toda”, aseguró y asimismo indicó que “yo trato de desapegarme de la expectativa”.

Y ya pronta a terminarse la entrevista, ella dijo otra de sus magníficas sentencias, de esas que te mantienen pensativa por largo rato: “hay que darle gracias al tiempo”. Voraz lectora, Lizbeth, quien confesó tener mucha herencia de la literatura, del libro, del cuentacuentos, también admitió que “mi vida toda es un ritual que no se limita exclusivamente al momento antes de una presentación”. “Para mí, es estar consciente, conectada. Se necesita una revolución espiritual”.

Foto: Daniel del Río

Conocedora de que vivir de la música y la autogestión es un reto, se propone hacer la segunda fase de lo que nombró La vuelta insular, un viaje musical por los 78 municipios de Puerto Rico.

Finalmente, supe que, de niña, Lizbeth soñaba con ser astronauta o cantante. Se decidió por la segunda opción. Pero estoy convencida de que en esta realidad terrenal en la que reímos y también dolemos, ella sabe alcanzar con su rica imaginación cosmos que están a disponibilidad de todos los que se atrevan a observar, a escuchar, a palpar, más allá de los lindes que nos hemos autoimpuestos.

Foto: Eric Rojas

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