Las Fiestas de la Calle San Sebastián o el carnaval de afianzamiento sociocultural

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El mártir ha recorrido los adoquines en procesión por décadas. Su cuerpo sin ropajes y atacado por flechas se mantiene solemne entre la multitud que habita durante estos días la antigua ciudad. Su joven semblante se parece muchísimo a una considerable parte de la masa que camina y camina y camina hasta la calle que conmemora su nombre. Ya allí, San Sebastián vaga en paralelo junto al vacilón que se aglomera para la risa, para los “selfies”, para la juerga.

Sin inmiscuirse en el bullicio, el santo — a quien se le ha dedicado la festividad desde la década de los años cincuenta — repasa las múltiples estampas que se reproducen por la urbe. Ciertamente, la bandera boricua es la que se repite digna ondeante en camisas, gorras, telas pequeñas y hasta inmensa sobre algún balcón. Hay un fenómeno identitario que se intensifica, no sólo con las horas, sino con el comienzo estipulado del carnaval. Máscaras, zanqueros y vestuarios llamativos empiezan a contonearse al sonido de las pleneras. El murmullo ya es una ola enorme que cubre al Viejo San Juan, y el baile y la gritería que corea los versos son ahora la gran escena. Mientras, las creaciones de un sinnúmero de artesanos inventan la atmósfera ecléctica que se percibe por todos lados.

Y son esos mismos creativos los que le otorgan el contexto cultural a las Fiestas de la Calle San Sebastián, que el fenecido historiador y antropólogo Don Ricardo Alegría sugirió a Rafaela Balladares el restablecimiento de las mismas. Entre ellos, el colectivo teatral Agua, Sol y Sereno, cuyo director es el reconocido artista Pedro Adorno Irizarry, ha tenido una misión importantísima y destacada en mantener la cohesión sociocultural.

Así, Adorno Irizarry y el conjunto de artistas que conforman dicho taller multidisciplinario se encargan tanto de las comparsas como de la confección de los cabezudos que refieren, tal como afirmara el entrevistado, a un homenaje hacia la persona que representan. “Si miras los antiguos cabezudos del país vasco, tienen vitalidad, dignidad”, dijo para apuntar que no son caricaturizaciones. Durante este año, los honores fueron recibidos por Alexis Massol y Tinti Deyá, fundadores de la organización comunitaria Casa Pueblo, en Adjuntas.

Foto: Doel Vázquez

De modo que, al igual que Casa Pueblo ha continuado con ahínco su compromiso de autogestión pasados los recientes huracanes, los miembros de Agua, Sol y Sereno decidieron — luego de cuestionarse si había motivo para celebrar y padeciendo ellos mismos los estragos como pérdida de ingresos y talleres, y falta de energía eléctrica — que sí;  la celebración debía llevarse a cabo y esto por todo lo que “ha hecho este país por salir hacia adelante en cuatro meses”, sostuvo Adorno Irizarry.

Según el entrevistado, la diversidad de la oferta cultural por las diferentes plazas distribuyó eficientemente la energía, considerando como un logro importante la curaduría del Departamento de Arte, Cultura e Innovación del municipio. Asimismo, distinguió un mejor ofrecimiento en cuanto a la heterogeneidad artística y lo sucedido en la periferia de las plazas, así como en los museos  y los edificios que el Instituto de Cultura Puertorriqueña mantuvo abiertos. Por otro lado, Adorno Irizarry manifestó que como evento cultural deberían controlarse las vallas publicitarias, ya que aun cuando los auspiciadores tienen que existir deben tener una posición distinta a cuando celebran una actividad promocional de sus productos.

Consciente de que las Fiestas permiten el compartir de diferentes sectores sociales, Adorno Irizarry reconoce la importante labor de afianzar la propuesta artística y cultural.

Domingo, oscurece, San Sebastián va apurando el paso. Se sostiene del árbol de siempre. Ya habrá un próximo año en el que salir a transitar la metrópoli.

Foto de portada: Doel Vázquez