José Luis Gutiérrez Reyes, un teatrero ilusionista muy rumbero

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La superstición advierte que la escritora no debe revelar sus rituales, pero — en este caso muy peculiar — parece como un mandato hacerlo. Desconozco si tendré siete años de mala suerte o si me saldrá un orzuelo, mas me arriesgaré. Siempre debo redactar con música; el silencio rotundo me provoca un bloqueo que no se recupera dando undo. Ahora que lo examino no es una gran confesión. Lo que sucede es que mientras en otros escritos coloco el piano de Yiruma, esta vez tengo que poner a volumen considerablemente alto salsa. Comienzo con Tito Nieves y el reproductor automático sigue con La Fania y el Gran Combo. Ah, pero Roberto Roena con “Y tú, loco loco, pero yo tranquilo” dio en el clavo. La locura es — personalmente — lo más cercano al proceso creativo. Ahora — quizás — creerán que lo que continúa es la narración histórica de algún loco. Esto me pone en problemas porque para algunos dicha palabra es algo maldito y no quisiera dar esa connotación. 

De modo que prefiero — en el momento que me compete — contarles que me entrevisté con un mago, sin varita ni capa, pero sí con sombrero. Algo así como lo que Silvio diría de su “óleo de mujer”. Para echarle más enjundia al asunto el encuentro se dio en un chinchorro. A él le preocupaba nada si le nacía cantar. Yo — por mi parte — no podía evitar moverme disimuladamente al son de la vellonera. No es que me diera pachó, pero era como un tipo de creencia de que debía mantener el statu quo de la redactora. Pero la risa — dentro de lo serio y comprometido de su arte — hizo que me soltara hasta la carcajada. 

Don Trino. Foto: Nydia Meléndez Rivas

Y, ¿quién le dice a José Luis Gutiérrez Reyes “estate quieto”? La tarde tenía cara de buen agüero. Así que no había razón para temer. Me contó su imposibilidad para mantenerse sin hacer arte. «Es una pasión incontrolable. Yo estoy enamorado de crear», dijo para manifestar que lo que más le apasiona es la recopilación de los materiales que puede encontrar fácilmente en la basura o en lo que otros han desechado creyendo — erróneamente — que no tiene ninguna utilidad. También, identificó la investigación histórica que siempre realiza como imprescindible. 

José Luis Gutiérrez Reyes frente a Don Senario. Foto: Nydia Meléndez Rivas

Ya lleva diecisiete años en su apetito artístico como escenógrafo y actor. Gracias a dos obras de la autoría de Mikephillippe Oliveros — Santurcia y Pionono S.S. —, José Luis considera que fue el catalítico para recibir la invitación a participar en Santurce es Ley por parte de Alexis Bousquet. De esta manera surgieron lo que José Luis denominó “esculturas escenográficas”. Ocurrió Don Senario que elaboraba la historia del Barrio Gandul, en Santurce. Por esta pieza pasaron diversos y múltiples artistas que pasaban el sombrero al finalizar las funciones y muchos donaban lo reunido a la gestión cultural. Por su parte, este año el creativo presentó a Don Trino que contaba la historia de una familia en el cañaveral en la que Tuntuneco iba por consejos a su abuelo. Esta pieza, en la que estuvo presente la dirección de Christian Nieves Santiago, incorporó a la hija de José Luis que lleva el nombre sublime de Estrella. Hermosísima la imagen en la que el teatrero besa en la frente a su niña. «Es la bendición mía a Estrella por primera vez en escena», afirmó. En la obra — una versión de doce minutos — fueron partícipes también Joksan Ramos, Cristina Sesto y Marisa Gómez. La música de Don Trino estuvo a cargo de La Máquina Insular. 

José Luis Gutiérrez Reyes junto al elenco y equipo de Don Trino. Foto: Nydia Meléndez Rivas

Indudablemente, era justo mencionar a Don Cangrejario, producto de una residencia artística permanente en el Centro de Bellas Artes, cuando lo dirigía el Dr. Ricardo Cobián. A través de la mencionada escultura escenográfica se desarrollaban todos los domingos variadas intervenciones artísticas. 

Ciertamente, José Luis — utuadeño — es prolífico y polifacético en su obra, pero reconoció el momento en el que tuvo que detenerse. «El huracán me obligó a irme a Utuado. Estuve tres meses en soledad. Fue un proceso de volver a poner los pies en la tierra y me ayudó a tener más temple», sostuvo quien sabe que «lo que declaras con tu boca será hecho». Entre los próximos proyectos se encuentran retomar la obra El Yahaira’s Pub y La Campechada, que se celebrará en Ponce y será dedicada al compositor Juan Morel Campos. 

José Luis Gutiérrez Reyes en Don Trino. Foto: Álvaro Calderón

Seguía transcurriendo el atardecer de la Noche Buena y la conversación parecía que podía continuar por horas. «Yo soy parte de algo bien grande. Pienso que puedo hacer más», expresó José Luis cuando nos pusimos a hablar sobre el Universo y los lugares a los que le gustaría visitar: Machu Picchu — Perú — y el monumento Stonehenge. 

El aficionado al Sci-Fi confesó animoso que cree en la magia. «Se da a partir de que levantas la varita y los otros seres alrededor creen que va a pasar (la magia)», puntualizó. Definitivamente, José Luis tiene la rica herencia del ilusionista, del prestidigitador, del mago. 

José Luis Gutiérrez Reyes en Don Trino Foto: Nydia Meléndez Rivas

No me queda más espacio para escribir. Suena ahora la canción Perdóname de Gilberto Santa Rosa. “Ay, perdóname, perdóname”. Espero que el Cosmos no quiera estar diciéndome algo. Por si acaso, José Luis, “perdóname” si cometí algún error de contenido en este artículo. Y ahora sí. ¡Qué suba el telón y a bailar “con la punta el pie”! 

 

Foto de portada: José Luis Gutiérrez Reyes frente a Don Trino. Foto: Pedro Iván Bonilla