Joe Louis, la música en el delirio de los sueños

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Sería un disparate decir que en unos veinte minutos una podría llegar a conocer su hondura; imposible referir la verdad. Aquí me tomaré una libertad cándida para contarles lo que sintieron mis oídos. A Joe Louis se le supone desde el íntimo espacio auditivo.

Conocía su existencia, pero aún no me había detenido en él. Tiempo después los azares me llevaron al techo de un edificio en Santurce, donde lo escuché desde la aproximación de quien se asombra lindo ante el orden caótico de su voz. Me parecía estar en cualquier calle de alguna otra ciudad en la presencia de un blues, que en realidad no lo era, mas así lo percibía mi historia.

Su bohemia experimental, su “animal híbrido”, procrea letras tan suyas con las que viajamos a Ciales, volvemos —de regreso a Río Piedras—, y nos vamos adondequiera. Con su padre tuvo el primer contacto musical; con su abuelo, la cercanía al bolero; en la UPR, sus ansias de un primer proyecto artístico. Entre las capas del surrealismo, el humor y lo erótico, idealiza “la decadencia y la intimidad desde un mundo que se está cayendo”. No dudo que eso sea parte de su innegable conexión, la que provoca en quienes le escuchamos: una especie de mutuo acuerdo sobre la inevitabilidad de soñar aun en esta fragilidad imperdonable de la vida. 

La aparición musical de Joe Louis tiene mucho (o todo) de la experiencia sensorial. Unos acordes vocales —que para mí serían complicados imitar en palabras— hacen la introducción de su canto. Y se nota que siente lo que hace; nada en él parece forzado. No pasa nada si no recuerda por un instante una letra; así también lo sentimos nosotros (no pasa nada; todo es perfecto tal como es). Nosotros le hacemos coro a su “arte vivo”.

La conexión que crea Joe Louis con quienes le escuchan es intensa y muy cercana. Foto por Ricardo Alcaraz

Artistas del cuerpo, de la performance, de la voz, como: Karen Langevin, Mickey Negrón, Fofé, Eduardo Alegría, MIMA e Ivette Román, componen la experiencia maestra que ha servido como contrapunto rítmico a la corporalidad musical del cantautor. 

Joe Louis quiere, se obstina en sanar; para eso crea, para eso canta sus ansiedades, en comunicación directa con sus “guardianes” espirituales, sus “seres protectores”, a los que invoca antes de cada presentación. Le creo (sin una pizca de duda). Con la banda onírica de la puerta roja —concepto surgido luego de un viaje a Nueva York y el refugio en un apartamento, pasado el huracán María— continúa con las ganas de la búsqueda y el encuentro consigo mismo. En esa tarea además estamos nosotros; sus canciones vienen a subvertir nuestro propio caos.

Piensa mucho; revolotean pensamientos sin cesar en la agitación de lo que parece incomprensible: “la nueva inquisición” de las redes sociales, la marginación constante hacia los herejes; el destierro de las artes —por parte de instituciones y Estado. Por eso, quiere abrazar, abrazarnos la “ansiedad colectiva”. 

Abrazarnos, querernos, no abandonarnos. Frente a nuestro espejo, y frente al espejo plural, amarnos. 

Acceda a:

Spotify: Joe Louis y la banda onírica de la puerta roja
Instagram: joelouismusic_

 

Imagen de portada: Los elementos teatrales y la performance son característicos en el arte musical de Joe Louis. Foto por Four Two Photography-3

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