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Humor desde el reloj que tiene prisa y el amor desenmascarado 

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Verme acompañada por ellos, en la periferia de una mesa con cafés, me era de algún modo extravagante. Hablamos así —con poca convención para tres extraños (aunque a uno ya lo había entrevistado)— durante un tiempo considerablemente extenso si se toma en cuenta que debían irse a ensayar. 

Al primero que atajé fue a Jorge Luis Ramos, en mi secreto íntimo en el que sentía yo cierto retraimiento desconocido para mí. Pero inmediatamente iniciamos la conversación, rememorando la impresión que tuve de su personaje en la pieza Otoño, escrita por Myrna Casas y dirigida por Dean Zayas. Claramente, había conocido de su ejecución actoral hace muchos años en sus apariciones en la televisión. Pero verlo respirar en el mismo espacio del teatro fue —sin duda— reinventarme mi memoria del actor. Le hablé de sus gestos marcados, de su voz rasposa, de su andar decrépito, al presentarnos a un viejo abominable. 

Así, Jorge Luis —afable y recordativo— me comentó acerca de esa «segunda naturaleza» que aparece al interpretar un personaje y la importancia de tener un gran dominio del mismo. Los Ángeles, Nueva York y —por supuesto— Puerto Rico han sido escenarios para su arte desde hace décadas. Ahora, en la producción y el desarrollo de su segunda radionovela Por el ojo de la cerradura —historia que narra las relaciones entre Luis Muñoz Marín, Muna Lee e Inés María Mendoza (La Mendoza), y que conllevó un gran trabajo de investigación— quise conocer cuál ha sido la reacción de los oyentes, no solo por la trama sino por el concepto del serial radiofónico que evoca bastante el pasado. La audiencia —desde los 40 años en adelante, particularmente— está fascinada con dicha propuesta.

Una situación muy incómoda coloca a estos dos personajes en un relato sobre el amor y el tiempo. Foto suministrada.

A esta hora ya había abandonado yo mi leve introversión inicial y quería saber más. Me contó cómo —en la actualidad— su generación de artistas se enfrenta a un gran reto en el que deben «abandonar nuestros usos y costumbres, y zambullirnos de cabeza en esta nueva manera de hacer las cosas». Jorge Luis se refería así al fenómeno de la acción artística y todo lo que implica por medio de las diversas y numerosas plataformas cibernéticas. 

Llegó René. Solícito pidió un café, invitó a dos más. Es a él a quien se le dedica el Primer Festival de la Comedia, del Teatro Braulio Castillo. Le mencioné el reconocimiento. Se mostró «agradecido y honrado». Mas no le dio mucha vuelta al tema. Tuve la intuición que en su soltura hay mucho también de virtud. «Bueno, cuéntenme de este junte», les pedí alegre. 

De modo que lo que comenzó como una pieza escrita para un programa de televisión fue convertida en obra de teatro y llegó a Puerto Rico como Mi difunta tiene novio, dirigida acá por Gilberto Valenzuela. Básicamente, aborda la relación entre un triángulo: la esposa Florence, el marido y el amigo especial de la primera. La narración —en la que Mr. Halpern (el esposo interpretado por René) y Mr. Johnson (el novio, por Jorge Luis) coinciden en la sepultura de la mujer— es asimismo una aproximación al reencuentro con lo que se es y al desenmascaramiento de lo que proyectamos que somos.

El actor Jorge Luis Ramos interpreta a Mr. Johnson, el amigo muy especial de la difunta. Foto suministrada

Igualmente, Jorge Luis apuntó que: «Estos hombres se encuentran para crear lazos que les permitan seguir sobreviviendo». Y sobre la vejez y el tiempo que no cesa, René —con sus características y geniales ocurrencias— dijo: «La mejor edad es la de estar vivo. La inmadurez ayuda mucho a mantenerse joven». Para Jorge Luis —más reflexivo en este caso— es irremediable que «todo cambia». Pero «uno está llamado a intentar que la esencia de lo que tú eres no muera a través del tiempo, que siga contigo». 

Ciertamente, esta mezcla cautivadora entre estos dos seres —que se conocen y han trabajado juntos desde los estudios dramáticos en la UPR— provoca, además de innegables momentos de humor, una complicidad en la que yo me inmiscuí como leal oyente. Mi difunta tiene novio representa para ambos actores revisitar una obra que han hecho durante varias etapas de sus vidas. Y entre las bromas que expresaban que ya no necesitan mucho maquillaje para interpretar a dos viejos (entiéndase aquí que “viejo” no es un término peyorativo; es lo que es: la palabra exacta y sin eufemismos), René confesó que no se mira mucho en el espejo, mientras que Jorge Luis —quien reconoció ser vanidoso (en la representación de la belleza)— manifestó que: «Ya no me reconozco (en el espejo), punto; pero he aprendido a aceptarlo».

René Monclova en el personaje de Mr. Halpern es el esposo engañado. Foto suministrada

Y con relación a la inevitabilidad de la muerte, Jorge Luis aseguró no temerle y René tampoco. Aunque pudiera parecer broma (que era muy en serio), les dije: «Quisiera pensar como ustedes». Es que a mí el asunto mortal me sobrepasa y me abruma. 

Finalizamos, quedándome las ganas de que siguiéramos compartiendo. Son de esa gente que te gustaría que permanecieran. Hablamos de más, mucho más. Abrazos. Fotos. Agradecimiento. 

Llego a casa. Me coloco frente al espejo cuadrado. Con razón ya en las tiendas me regalan (y enfatizo «voluntariamente y sin yo solicitarlo») muestras de productos antiedad. Yo también me estoy poniendo vieja.

La obra Mi difunta tiene novio se presentará este próximo viernes, 18, el sábado, 19 y el domingo, 20 de octubre en el Teatro Braulio Castillo, en Bayamón. Las funciones de viernes y sábado serán a las 9 p. m. y el domingo a las 5 p. m. Puede adquirir los boletos en ticketerapr.com

 

Imagen de portada: Cartel promocional de la obra Mi difunta tiene novio. Imagen suministrada

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