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El legado de Vilma Blanco a la arquitectura puertorriqueña

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Una tarde no es suficiente para comprender el gran impacto de la carrera de la arquitecta y arquitecta paisajista Vilma Blanco con más de 60 años de destacados proyectos bajo su brazo. Quien la conoce, la denomina como la eminencia de la arquitectura paisajista del país. Y es que si algo pude palpar de nuestra conversación en la terraza de su casa en el Viejo Sean Juan es su pasión por la vida.

Nacida en La Habana, Cuba, Vilma soñó siempre con ser arquitecta en una época en donde pocas mujeres podían aspirar a carreras profesionales, puesto que no solo la sociedad no veía con buenos ojos que no se dedicaran solo a ser madres, esposas y amas de casa, sino que muchas veces no recibían el apoyo de sus padres. Pero el espíritu libre y ambicioso de esta valerosa mujer la llevó a estudiar arquitectura en la Universidad de la Habana y continuar sus estudios en Harvard con una excelente carta de recomendación de su profesor de diseño Mario Romañach al decano de la escuela graduada, Walter Gropius, fundador de la Bauhaus. Luego de que Gropius saliera de su puesto, llegó Josep Lluís Sert, un destacado arquitecto catalán quien le recomendó que estudiara arquitectura paisajista ya que habían muy pocos en Cuba y podría representar para ella una gran oportunidad. Una vez culmina estudios universitarios, trabajó como socia en una firma en La Habana. Se casó, tuvo un hijo, pero al subir Fidel Castro al poder, decidió salir del país. Sert le ofreció trabajo en Boston al día siguiente, así que precipitó su mudanza fuera del país junto con su hijo bebé y su hermana. Pero su tiempo en Boston fue difícil por el bebé y porque su hermana se casaba y se quedaría sola. Una amiga la invitó a Puerto Rico que gozaba de gran desarrollo y proyectos de construcción. Así que vino a Puerto Rico y desde entonces ha vivido y trabajado aquí. 

Los primeros diez años trabajó en la Junta de Planificación. Luego comenzó a trabajar por su cuenta para facilitar la crianza de sus hijos a la vez que trabajaba. Su primer gran proyecto como arquitecta paisajista fue el Hipódromo El Comandante. Gracias a la popularidad del proyecto, donde trabajó los lagos de retención y limpieza de agua, se ganó muchos otros como Palmas del Mar. Su cartera de obras incluye el Conservatorio de Música, Metro Office Park y el recién inaugurado Assembly Hall y Centro de Recreación Pasiva Urbana del Banco Popular. Este último le recordó mucho su diseño para el Hipódromo el Comandante puesto que usaba estrategias similares.

Recorrido con la Arq. Psj. Vilma Blanco en Popular Center por Fundación por la Arquitectura. Foto suministrada.

En un momento en su vida en que muchos gozan del retiro y de la edad dorada, Vilma continúa trabajando incansablemente en la profesión que le apasiona. Nos la encontramos frente al monitor de su computadora laborando en su más reciente proyecto en su apartamento del Viejo San Juan. Y mientras me servía una taza de café me contaba cómo aprender a usar la aplicación Uber le agregó más movilidad en la ciudad e independencia personal. Para Vilma el tiempo no existe. Ella es eterna como el legado que nos deja a todos los puertorriqueños.

 

La entrevista en video nos cuenta la historia de esta fascinante arquitecta paisajista, su entrega a la profesión, su amor por la tecnología, su visión sobre la educación y su pasión por la vida.

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